Historia del Presente, 18. El eurocomunismo

Este movimiento tuvo una consistencia común pero, al mismo tiempo, estuvo igualmente caracterizado por su gran heterogeneidad. Esta se debió, entre otras cosas, a las trayectorias de estos tres PPCC, a su inserción en sus sistemas políticos y sus sociedades nacionales, a las relaciones que habían tejido y que seguían manteniendo con Moscú, a las desiguales capacidades de elaboración teórica de sus respectivos liderazgos; y, en fin, a la acepción misma que ellos daban al eurocomunismo. En su cenit, en los setenta, este suscitó un interés considerable y unas polémicas incesantes. Fue objeto, notablemente, de una enorme cantidad de artículos de prensa, de ensayos periodísticos, de libros de investigación y obras de referencia o de contribuciones científicas debidas esencialmente a politólogos y a algunos historiadores apoyados en el análisis de la actualidad vista en perspectiva

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índice

Santiago de Pablo (Ed.), La Transición en el País Vasco. Los partidos políticos
EXPEDIENTE
Santiago de Pablo: La Transición en el País Vasco.
Andrea Miccichè: Radicalismo y nueva imagen del socialismo en los años setenta: el caso vasco
Gaizka Fernández Soldevilla: A lomos de un tigre. ETA, la «izquierda abertzale» y el proceso de democratización
Leyre Arrieta Alberdi: Por los derechos del Pueblo Vasco. El PNV en la Transición, 1975-1980
Eider Landaberea Abad: «España, lo único importante»: El centro y la derecha española en el País Vasco durante la Transición, 1975-1980 53
EGOHISTORIA
Nicolás Sesma: La historiografía sobre Vichy. Entrevista con Robert O. Paxton
EL PASADO DEL PRESENTE
Julián Chaves Palacios: Historias traumáticas en Iberoamérica. Introducción
Julián Chaves Palacios: Los procesos de construcción de la memoria de la Guerra Civil y el franquismo en la España actual
Carmen Norambuena: Lugares, sitios y ecos de la memoria colectiva. Chile post-dictadura
Carolina Farias: El ojo que llora. Violencia y memoria en el Perú, 1980-2000 119
MISCELÁNEA
Claudio Hernádez Burgos: Primavera azul: Revitalización falangista y lucha por la nación en el marco local, 1948-1953 131
MEMORIA
Abdón Mateos: Ramón Lamoneda, un marxista revolucionario en la Secretaría General del PSOE, 1936-1942 143
DEBATE
Gutmaro Gómez Bravo: Terror rojo, violencia revolucionaria, y fin del mundo en la retaguardia republicana

Presentación

LA TRANSICIÓN EN EL PAÍS VASCO
Pese a partir de una situación de desventaja con respecto a otras comunidades, en las últimas décadas la historiografía contemporánea vasca ha acelerado su marcha hasta alcanzar un buen nivel en el conjunto de los estudios históricos españoles, e incluso europeos. Sin embargo, hasta hace bien poco –quizás por estar recuperando el terreno perdido en el análisis de períodos anteriores, como la Restauración, la Segunda República, la Guerra Civil o el exilio– no se habían prodigado demasiado los estudios en torno a la dictadura franquista y, sobre todo, a la transición democrática en la actual Comunidad Autónoma del País Vasco.
Es cierto que esta historia reciente sigue planteando desafíos al historiador, especialmente en Euskadi, donde algunos protagonistas del proceso histórico posterior a la muerte de Franco, como el lehendakari Carlos Garaikoetxea, siguen hablando de una «transición inacabada». Podría pensarse que esta definición refleja la visión parcial e interesada de un representante del nacionalismo vasco que busca así recuperar, treinta años después, un mayor grado de autogobierno que el logrado por los vascos en 1979. Sin embargo, investigadores de procedencia diversa han utilizado conceptos semejantes, hablando de las «limitaciones de una transición» (Antonio Rivera), o de los «dilemas y paradojas de un proceso inacabado» (Ander Gurrutxaga).
No obstante, el hecho de que podamos considerar a la transición democrática en el País Vasco como un auténtico ejemplo de Historia del Presente no impide, ni mucho menos, el análisis historiográfico de esta etapa; por el contrario, debería animarnos a profundizar en su investigación, como los de otros procesos históricos todavía abiertos, cuyo estudio reivindica el área historiográfica a la que dedica su atención esta publicación. De hecho, para los que hemos vivido en primera persona la evolución de las últimas décadas, resulta sorprendente caer en la cuenta de que el período que va desde 1975 a nuestros días –que en obras generales sobre la historia contemporánea vasca calificamos a veces de «epílogo»– haya superado ya el número de años del franquismo y se acerque cada vez más a los de la Restauración, paradigma de etapa larga de la historia española de los siglos XIX y XX. Además, cada día es mayor la apertura a los investigadores de fondos documentales públicos y privados sobre la Transición, que ya están siendo utilizados con frutos apreciables. De hecho, la Comunidad Foral de Navarra –un territorio no sólo fronterizo sino muy relacionado con la Comunidad Autónoma del País Vasco– cuenta desde hace algún tiempo con una buena historia general de la Transición a nivel regional, que sigue faltando en el caso vasco.
Ello no significa que no existan investigaciones sobre el País Vasco en la decisiva etapa de la Transición. No obstante, durante mucho tiempo casi todas ellas fueron debidas a profesionales del derecho, la sociología, el periodismo o la ciencia política, que aportaron estudios de gran interés, pero con una perspectiva distinta de la propiamente historiográfica. Entre ellos cabe destacar los libros sobre el proceso del Estatuto vasco de 1979, escritos por Virginia Tamayo, Javier Corcuera, Juan Porres o Bartolomé Clavero. Los tres últimos se centran más en la interpretación jurídico-política de dicho proceso, mientras que Tamayo aporta una visión más historiográfica, a pesar de que su origen está también en su tesis doctoral en Derecho. Sobre las elecciones y el sistema político cabe mencionar los libros de Francisco J. Llera, Juan J. Linz y José Ignacio Ruiz Olabuénaga; y sobre el nacionalismo vasco y las nuevas condiciones sociales del posfranquismo, los de Alfonso Pérez Agote y Ander Gurruchaga, de carácter sociológico.
El análisis de la trayectoria de los partidos políticos vascos durante la Transición se limitó durante mucho tiempo a enfoques periodísticos, ya superados (el de Gregorio Morán, sobre el PNV), visiones muy parciales e interesadas (José Antonio Egido, sobre Euskadiko Ezkerra, escrito desde la perspectiva de Herri Batasuna), ensayos (Kepa Aulestia, sobre HB), o libros de carácter más sociológico y politológico que histórico (José Manuel Mata, sobre el mundo de HB, su organización y su discurso). Textos más recientes, escritos desde la perspectiva de estas ciencias sociales –como los excelentes libros de Izaskun Sáez de Lafuente, Jesús Casquete e Íñigo Bullain– demuestran la gran aportación de otras ciencias sociales al conocimiento histórico, pero también constituyen un acicate para integrar estos avances en estudios realizados por historiadores, desde una perspectiva interdisciplinar.
Como es lógico, ETA fue durante mucho tiempo el principal foco de atención de la bibliografía sobre la Transición en el País Vasco, con resultados dispares, que van desde la literatura histórica o la historiografía nacional-revolucionaria, vinculada a la izquierda abertzale, hasta el reportaje periodístico, pasando por el ensayo (Patxo Unzueta, Kepa Aulestia, Jon Juaristi y Juan Aranzadi), el análisis socio-político (Fernando Reinares), los estudios internacionales (Sagrario Morán, en torno a las relaciones hispano-francesas ante ETA), o la antropología (Begoña Aretxaga, Joseba Zulaika o Miren Alcedo). A ellos hay que sumar obras que integran la actuación de ETA en la Transición en un marco cronológico más amplio, como las de John Sullivan, Robert P. Clark, José María Garmendia, Pedro Ibarra, Ignacio Sánchez-Cuenca, Peter Waldmann, Cyrus E. Zirakzadeh, o la más reciente de Antoni Segura, significativamente la mayoría de ellas escritas más por politólogos que por historiadores. A éstos habría que añadir libros de reportaje periodístico u obras de literatura histórica nacionalista o, en las últimas décadas, antinacionalista vasca. Por ello, aunque existe una amplísima bibliografía sobre ETA –muchas veces debida al tirón, hoy bastante apagado, de un mercado editorial ansioso de publicar libros sobre el grupo terrorista vasco–, los resultados han sido muy desiguales, e incluso en su mayoría de escasa calidad.
Tampoco la Transición en el País Vasco ha tenido demasiada suerte, no ya con las biografías, sino ni siquiera con las memorias de protagonistas. Entre ellas hay algunas claramente decepcionantes, como las del líder del centro-derecha Julen Guimón, o las de José Manuel López de Juan Abad, miembro independiente del Consejo General Vasco, más tarde vinculado al PNV. Otros libros de memorias tienen mayor interés –a pesar del carácter especialmente subjetivo de este género literario–, tal y como sucede con las escritas por el lehendakari Carlos Garaikoetxea, los dirigentes de Euskadiko Ezkerra, Mario Onaindía y Eduardo Uriarte, el consejero socialista, José Ramón Recalde, o el líder del PNV, Xabier Arzalluz.
Sólo más tarde, los historiadores de la contemporaneidad vasca comenzaron a unir su esfuerzo al de sociólogos, periodistas, politólogos y juristas, para investigar a fondo la Transición en el País Vasco. En este aspecto, cabe citar la parte relativa a la Transición y la democracia de El péndulo patriótico, un libro que analizaba la historia del PNV desde sus orígenes. Por primera vez, esta obra aplicaba la misma metodología utilizada en los capítulos anteriores a la Transición, incluyendo el uso de documentos inéditos internos del PNV (por ejemplo, las actas de su Consejo Nacional, el EBB) como fuente para elaborar el último capítulo del libro. Dos de los autores de El péndulo patriótico han hecho también sus propias aportaciones en solitario, bien en forma de investigación monográfica (la cuestión alavesa en el proceso del Estatuto vasco), bien como si interpretativa, tratando de explicar al lector anglosajón el porqué de la violencia en Euskadi, desde sus raíces históricas hasta el fracaso del proceso de Estella-Lizarra de 1998. La historia del PNV en la Transición ha sido abordada también, con un enfoque distinto, por Santiago Pérez-Nieva, Leyre Arrieta (su política europeísta) y Sagrario Morán (sus relaciones con ETA).
Sin embargo, ha sido aún en fechas más recientes cuando una nueva generación de jóvenes historiadores ha dedicado sus esfuerzos de forma monográfica al estudio de la Transición en el País Vasco. El trabajo de esta nueva hornada de investigadores se ha caracterizado por una mayor amplitud temática. Por un lado, han pasado de la historia política –que, con diversos enfoques, había sido el centro de la mayor parte de los análisis realizados anteriormente– a la historia social y cultural. Por otro, dentro del campo político, han tendido a no centrarse exclusivamente en el estudio del nacionalismo vasco sino a integrar a los demás partidos con presencia en Euskadi, y en especial el socialismo español, puesto que la derecha no nacionalista sigue siendo con diferencia la menos estudiada. En esta generación cabe mencionar a Andrea Miccichè, con su libro sobre el Partido Socialista de Euskadi en la Transición; Raúl López Romo, sobre los nuevos movimientos sociales en el País Vasco, en relación con el proceso de democratización de 1975-1980; Gaizka Fernández Soldevilla, sobre el nacionalismo vasco radical y sus distintas expresiones, violentas y políticas, de aquella época (ETA Militar y Político-Militar, HB y, sobre todo, Euskadiko Ezkerra); y Carlos Carnicero, en torno a los sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, que tanta trascendencia tuvieron no sólo para el desarrollo de la Transición en el País Vasco sino también en toda España.
Precisamente dos de los citados en el último párrafo, junto a otras dos historiadoras, se encuentran entre los autores de este dossier que la revista Historia del Presente dedica a la Transición en el País Vasco. De este modo pretendemos trasladar al ámbito académico español parte de los resultados alcanzados por esta nueva generación de investigadores, que está desbrozando caminos hasta hace algún tiempo poco transitados por la historiografía vasca. Casi todos los textos recogen el trabajo de las tesis doctorales de sus autores, ya defendidas o en avanzado proceso de elaboración, lo que avala la profundidad y calidad de los mismos.
Ante la gran cantidad de temas y enfoques posibles, y para dar coherencia al dossier, hemos optado por centrarnos en la historia política, con un esquema no cronológico, sino temático. Así, cada artículo se dedica a uno de los cuatro grandes sectores políticos que protagonizaron la Transición y que –con ciertos cambios, fruto del tiempo y de los sucesos acaecidos– siguen siendo hoy los protagonistas del rectángulo político vasco, presente, por ejemplo, en las últimas elecciones celebradas en Euskadi. Leyre Arrieta se ocupa de la evolución del PNV en la Transición, estudiando especialmente su actitud ante la Constitución, el Estatuto vasco y el terrorismo de ETA; Andrea Miccichè analiza la actitud del socialismo vasco, relacionando su política con la tensión existente en el socialismo español entre el radicalismo y la nueva imagen del PSOE; Gaizka Fernández Soldevilla examina la historia de la izquierda abertzale y de ETA ante el proceso democratizador; por último, Eider Landaberea profundiza en la difícil situación del centro y de la derecha española en el País Vasco entre 1975 y 1980. Esta fecha –en la que se constituyó el nuevo Gobierno vasco, surgido de las primeras elecciones tras la aprobación del Estatuto de Gernika en 1979– ha sido la elegida como límite cronológico de este dossier sobre la Transición en Euskadi. Y es que, con independencia de que ésta se considere más o menos «inacabada», la recuperación de la autonomía y el nuevo Gobierno vasco significaban el fin de una etapa y el comienzo de un nuevo periodo de la historia vasca, que también necesita ser historiado.
Santiago de Pablo
Universidad del País Vasco UPV/EHU

El Eucomunismo.

Este movimiento tuvo una consistencia común pero, al mismo tiempo, estuvo igualmente caracterizado por su gran heterogeneidad. Esta se debió, entre otras cosas, a las trayectorias de estos tres PPCC, a su inserción en sus sistemas políticos y sus sociedades nacionales, a las relaciones que habían tejido y que seguían manteniendo con Moscú, a las desiguales capacidades de elaboración teórica de sus respectivos liderazgos; y, en fin, a la acepción misma que ellos daban al eurocomunismo.

En su cenit, en los setenta, este suscitó un interés considerable y unas polémicas incesantes. Fue objeto, notablemente, de una enorme cantidad de artículos de prensa, de ensayos periodísticos, de libros de investigación y obras de referencia o de contribuciones científicas debidas esencialmente a politólogos y a algunos historiadores apoyados en el análisis de la actualidad vista en perspectiva. La abundancia, en detrimento de la calidad, de esta producción fue casi inversamente proporcional a la efímera existencia del fenómeno que facilitó la materia. Por otra parte, para recuperar las categorías de la época, hará falta analizar en el futuro, de manera profunda y comparativa, este animado debate que se apoderó de una parte de los intelectuales y de los medios de comunicación de masas, circulando en Europa tanto del oeste como del este e incluso en EEUU. Las tres grandes posiciones identificadas por Frédéric Heurtebize, quien realizó un primer estudio de las controversias intelectuales americanas, aparecían sin duda también en nuestro viejo continente: se enfrentaban, de hecho, los defensores celosos del eurocomunismo, los escépticos prudentes y los detractores venidos de todos los horizontes.

Hoy ha llegado el tiempo de la Historia, que permite volver a abrir esa investigación con nuevos aires, sin, por otro lado, ignorar la producción contemporánea, particularmente la de las ciencias sociales, que proporciona un precioso material de conocimientos y análisis que los historiadores deben conocer, asimilar y también someter a la crítica metodológica. Varios factores contribuyen a abrir otras vías de reflexión y de estudios.

Casi un cuarto de siglo nos separa ya de la época eurocomunista. Este intervalo de tiempo da lugar a un distanciamiento mecánico bien conocido que facilita el acercamiento histórico por la desecación de facto de las pasiones. No es, por otra parte, una casualidad, si a menudo son los jóvenes historiadores los que se acercan más fácilmente a este terreno de estudio que constituye a sus ojos un objeto frío, un sujeto entre otros que pertenece a un pasado que no han vivido y que tienen que empezar a descifrar, iniciándose, por ejemplo, en el lenguaje de la época, una jerga hoy en día caída en desuso. No es el caso de los mayores que vivieron esa época e incluso, en algunos casos, estuvieron implicados, y que, por consecuencia, tienen que aplicar con un rigor redoblado las reglas de su disciplina; aunque su memoria les facilita una familiaridad con su objeto de estudio, ella también puede inducirles a una reconstitución deformada, a veces tentada de nostalgia, de una experiencia asociada a su juventud. De todas formas, el historiador debe guardarse de caer en la trampa clásica de la sobredeterminación, ya que conoce el desenlace de esta historia y corre el riesgo de buscar exclusivamente las causas que explicarían su fin, en este caso, digámoslo de antemano, el rotundo fracaso del eurocomunismo.

Este alejamiento en el tiempo permite tener acceso a unos recursos documentales muy abundantes. Están abiertos: los fondos de tres Partidos Comunistas de los más activos e influyentes en el eurocomunismo, los cuales están estudiados en este número (el español, el francés y el italiano); los archivos de otros partidos políticos relacionados con los PPCC u opuestos a estos; los archivos americanos, extremadamente importantes; los de las cancillerías y de los ministerios de asuntos exteriores de las grandes capitales europeas (Londres, París, pero también Bonn) que seguían desde muy cerca, y con una fuerte inquietud, la evolución de los PPCC en la Europa del sur, en particular el desarrollo del partido italiano; y, en algunos casos, las investigaciones de la policía y de los servicios de información que vigilaban la actividad de los PPCC. Desde luego, falta, y es una pena, la apertura completa de los archivos soviéticos, mientras que los fondos documentales de los demás Partidos Comunistas europeos en el poder son accesibles, pero poco explotados.

 

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