Historia del Presente, 17. El sueño americano

El sueño américano. El debate sobre la eventual americanización
de Europa surgió en el viejo continente entre
finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
Para entonces se habían desvanecido definitivamente
las dudas sobre la viabilidad de la primera
república independiente americana, que habían
alcanzado su punto álgido durante la Guerra de
Secesión (1861-1865).

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índice

EXPEDIENTE: Americanización y Franquismo. Lorenzo Delgado y Pablo León (eds.)
Adoración Álvaro Moya: Guerra Fría y formación de capital humano durante el franquismo.Un balance sobre el programa estadounidense de ayuda técnica, 1953-1963. 27 13
Óscar J. Martín García: «Walking on Eggs». La diplomacia pública de los Estados Unidos
y la protesta estudiantil en España, 1963-1969 27
Iván Iglesias: «Vehículo de la mejor amistad»: el jazz como propaganda estadounidense en la España de los años cincuenta
Francisco J. Rodríguez Jiménez: ¿«Misioneros de la Americanidad»? Promoción y difusión de los American Studies en España, 1969-75 55
EGOHISTORIA
Enrique Moradiellos: Entre el género y los ritos. Entrevista con Giuliana di Febo
EL PASADO DEL PRESENTE
Jorge Marco: Ecos partisanos. La memoria de la resistencia como memoria conflictiva
MISCELÁNEA
Antonio Muñoz Sánchez: Europeizar es democratizar. El SPD y la España del tardofranquismo
Giulia Quaggio: Política cultural y transición a la democracia: el caso del Ministerio de  Cultura UCD (1977-1982)
Óscar Rodríguez Barreira: Auxilio Social y las actitudes cotidianas en los Años del Hambre, 1937-1943
DEBATE
Pedro C. González Cuevas: El Holocausto de Paul Preston
Gutmaro Gómez Bravo: Una visión exterminista del pasado español
Ismael Saz: Va de revisionismo 161
MEMORIA
Felipe Nieto: Jorge Semprún (1923-2011): entre la política y la escritura, los combates por la libertad

Presentación

El debate sobre la eventual americanización
de Europa surgió en el viejo continente entre
finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
Para entonces se habían desvanecido definitivamente
las dudas sobre la viabilidad de la primera
república independiente americana, que habían
alcanzado su punto álgido durante la Guerra de
Secesión (1861-1865). La creciente fortaleza del
país se apreció en el espectacular crecimiento
económico y de población que siguió a aquel
conflicto, en la plena delimitación de sus fronteras
continentales y en una presencia exterior
cada vez más asertiva –intervenciones militares
en México, Centroamérica y el Caribe; anexión
de Hawai; guerra hispano-estadounidense de
1898; incremento exponencial de las inversiones
en el extranjero, etc. Todo ello generó al otro
lado del Atlántico una mezcla de curiosidad,
admiración y recelo –dependiendo del observador–,
al tiempo que se abría paso en algunos
sectores la idea de que aquel país reunía todos
los ingredientes para convertirse en el modelo
de progreso y desarrollo más exitoso en el porvenir
inmediato.
Las reflexiones sobre la americanización o
«modernización a la americana» de Europa, en
cualquier caso, pertenecían todavía al terreno de
la especulación periodística y literaria. Aunque él
desdén hacia la antigua colonia ya estaba presente
entre las élites europeas, y la dura experiencia
vital de los millones de emigrantes europeos que
cruzaron el Atlántico en aquella época arrojaba
sombras sobre la imagen dorada del sueño americano,
la cuestión aún no había adquirido ni la
densidad ni los ribetes eminentemente negativos
que la caracterizarían algo más tarde.
El desenlace de la Gran Guerra (1914-1918)
puso de relieve una tendencia que venía aflorando
con antelación en diversos terrenos: Estados
Unidos estaba llamado a erigirse en la principal
potencia del mundo occidental, como acababa
de demostrar con su decisiva intervención de
última hora en el conflicto. En el transcurso
de los años veinte, un nuevo escenario fue ganando
terreno en las relaciones transatlánticas:
el grueso de las influencias, transferencias e
inversiones cambió radicalmente de dirección.
Las sociedades europeas se convirtieron en
las receptoras y consumidoras por excelencia
de los estímulos y productos procedentes de
la nación americana. Por primera vez también,
estos llegaban directamente al conjunto de los
ciudadanos continentales gracias a la expansión
y el impacto de un medio de entretenimiento
y expresión que simbolizaba como ninguno la
modernidad y atractivo de la cultura estadounidense:
el cine, convertido en elemento central
del ocio cultural de los europeos desde entonces.
De su mano, el desembarco americano
parecía acelerarse al ritmo del jazz y los dancé
halls, se hacía patente en la transformación de
una sociedad urbana donde la parsimonia de los
antiguos cafés cedía su lugar al dinamismo de las
barras americanas, y mostraba su capacidad de
irradiación mediante las estrategias persuasivas
de las nuevas técnicas de publicidad que modulaban
las pautas de consumo en la emergente
sociedad de masas.
En un contexto de progresiva radicalización
socio-política auspiciado por el auge de las ideologías
nacionalistas y de izquierdas, la creciente
influencia de Estados Unidos en la Europa de
entreguerras despertó reacciones de procedencia
y argumentos diversos, pero coincidentes
en sus reticencias y su postura crítica.5 Tanto
el consumo masivo de productos culturales
americanos como la dependencia de los créditos
procedentes del otro lado del Atlántico
fueron señalados como amenazas a la independencia
e identidad nacional o de clase –dependiendo
de la posición ideológica–, una lectura
interesadamente apoyada por aquellos sectores
económicos afectados por la competencia estadounidense
–desde productores cinematográficos
hasta agricultores. También añadieron más
leña al fuego tanto la impronta del darwinismo
social sobre la concepción del devenir de las
relaciones internacionales y la filosofía histórica
del momento –que invitaba a interpretar que
el auge de los países extraeuropeos (por Estados
Unidos y Japón) acarrearía la decadencia
europea–, como el predicamento que ganaron
las corrientes de pensamiento críticas hacia una
modernidad simbolizada por los Estados Unidos
–su democracia de masas, su cultura para
el consumo, su tecnología deshumanizadora, su
materialismo animado por el afán de lucro, etc.
El antiamericanismo se había instalado en el subconsciente
europeo como un socorrido argumento
al que recurrir a la hora de buscar causas
externas a los problemas que provocaba la incapacidad
de articular, sociedades más pluralistas
políticamente, más dinámicas económicamente
y con mayor movilidad social.6 Los años treinta
agravaron esa desconfianza como consecuencia
de la profunda crisis de la economía americana,
su repliegue diplomático y el auge de los estados
totalitarios en Europa. A las puertas de la
Segunda Guerra Mundial (1939-1945), solo las
omnipresentes películas de Hollywood parecían
mantener viva la «amenaza» de la americanización
del continente.
La polémica sobre la americanización de Europa
occidental alcanzó nuevas cotas en el marco
de la Guerra Fría. Estados Unidos fue la única
nación beligerante que salió victoriosa y económicamente
reforzada de la última contienda
mundial. Sólo la Unión Soviética, rehabilitada internacionalmente
por su decisiva contribución
al triunfo aliado –aunque brutalmente golpeada
por los estragos de la contienda–, parecía capaz
de rivalizar con la hegemonía estadounidense.
En Europa, podía hacerlo tanto en el escenario
militar –sus tropas ocupaban la mitad del
continente e intimidaban al resto–, como en
el ideológico. La escalada de la tensión entre
Washington y Moscú, a partir de 1947, llevó al
engrasado aparato propagandístico soviético
a difundir el mensaje de que los horrores de
la reciente guerra era la consecuencia última
de la brutal crisis económica iniciada con el derrumbe
de la bolsa de Nueva York en 1929, o en
otras palabras, a asignar la responsabilidad del
enfrentamiento y sus secuelas a las contradicciones
autodestructivas del sistema capitalista
salvaguardado por el gigante norteamericano.
Los principales destinatarios de aquel mensaje
no eran otros que los ciudadanos que habían
quedado al oeste del «telón de acero», bajo el
paraguas de Estados Unidos, donde la memoria
de la crisis económica estaba muy viva y los movimientos
comunistas gozaban de una reforzada
popularidad gracias a su destacada participación
en la resistencia al fascismo. La versión anticapitalista
obtuvo una notable repercusión entre
los simpatizantes de movimientos de izquierdas
en Europa occidental, que ponían el foco en
los progresos sociales de la Unión Soviética
dejando al trasluz los excesos autoritarios y la
ausencia de libertades que componían la otra
cara de la moneda. Pero incluso entre sectores
más conservadores y nacionalistas europeos
causaba malestar la evidente pujanza que había
adquirido el modelo americano, frente al cual la
Unión Soviética no dejaba de ser una referencia
lejana, salvo para aquellos países que compartían
frontera con su área de influencia.
Ante los múltiples desafíos del conflicto….

EXPEDIENTE

Autores

AUTORES
Adoración Álvaro Moya
adoracionalvaro@cunef.edu
Es profesora de Historia Económica en el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF). Su investigación se ha concentrado en el papel de la empresa como transmisora de conocimientos entre
países y, en particular, en la influencia de Estados Unidos en la formación de capacidades organizativas en
la empresa española. Entre sus publicaciones recientes destacan «Redes empresariales, inversión directa
extranjera y monopolio: el caso de Telefónica, 1924-1965», Revista de Historia Industrial, 34 (2007), pp.
65-96; «Foreign Direct Investment, Economic Aid and Modernization: US Firms in Spain (1920-1975)», en
H. Bonin and F. de Goey (eds.), American Firms in Europe, 1880-1980. Strategy, Identity, Perception and Performance,
Geneva, Droz (2009), pp. 209-228 (2009); «Los inicios de la internacionalización de la ingeniería
española», Información Comercial Española, 849 (2009), pp. 97-112; y «Growing International Business Faced
to Political Bargaining: International Harvester in Spain (1952-1980)», Business History Review, 52, 3 (2010),
pp. 371-389.
Iván Iglesias
iviglesias@gmail.com
Iván Iglesias es profesor de Historia y Ciencias de la Música en la Universidad de Valladolid y profesor
consultor en la Universidad Internacional de Valencia. Sus investigaciones se han centrado en la música
durante la guerra civil española y el franquismo, con particular énfasis en la difusión y recepción del jazz
en España en el marco de las relaciones diplomáticas hispano-norteamericanas. Entre sus publicaciones
recientes sobre este último tema cabe destacar: «‘No es un lugar, es un sentimiento’: La música española
como propaganda y alteridad en los Estados Unidos de la Guerra Fría», Revista de Musicología, 32/1 (2009),
pp. 321-334; «Ni rojo ni blanco: el mito de la Guerra Civil española en la historiografía sobre el jazz»,
Etno-Folk, 14-15 (2009), pp. 369-389; «(Re)construyendo la identidad musical española: el jazz y el discurso
cultural del franquismo durante la Segunda Guerra Mundial»,
Óscar J. Martín García
oscar.martin@cchs.csic.es
Doctor en Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha desde finales de 2006.
Además de coordinar, junto a Manuel Ortiz Heras, el volumen Claves internacionales en la transición española
(2010), es autor de las monografías Albacete en transición (2006) y de A tientas con la democracia (2008).
Ha realizado diversas contribuciones en revistas especializadas como Historia Social, Political Power and Social
Theory e Historia Contemporánea, entre otras. Ha participado en varias obras colectivas y proyectos de
investigación. Igualmente ha sido investigador invitado en la London School of Economics, en el Instituto
Universitario Europeo de Florencia y en la Georgetown University.
Francisco J. Rodríguez Jiménez
fjrodriguezjimen@gmail.com
Francisco Javier Rodríguez Jiménez es investigador postdoctoral Fulbright en el Institute for European
and Russian Studies de la George Washington University. Su formación y líneas de investigación han girado
en torno a la historia de las relaciones internacionales durante el siglo XX, y en especial al análisis del
factor cultural en la conexión entre España y Estados Unidos durante el franquismo. Entre sus aportaciones
recientes se pueden citar ¿«Antídoto» contra el antiamericanismo? American Studies en España, 1945-69,
Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2010; «Controversias de la Guerra Fría Cultural. Una
reflexión desde los American Studies, 1945-1975.» Revista Complutense de Historia de América, vol. 36 (2010),
Historia_del_presente_17.indd 184 06/07/2011 10:57:30
pp. 79-102; «¿Ideología, Educación o Propaganda? Promoción y difusión de los Estudios Norteamericanos
en Salamanca, 1939-59» Studia Historica, H.ª Contemporánea, vol. 26 (2009), pp. 243-271.
Jorge Marco
marco_jorge77@yahoo.es
Es investigador en la Cátedra «Memoria Histórica del siglo XX» (UCM). Ha realizado dos estancias
en el Cañada Blanch Centre for Contemporary Spanish Studies, de la London School of Economics (LSE)
Autor de artículos y conferencias sobre la violencia política en España, la memoria histórica y la guerrilla
antifranquista, codirigió, junto a Julio Aróstegui, el libro El último frente (2008), además de ser autor de Hijos
de una guerra. Los hermanos Quero y la guerrilla antifranquista (2010) y coautor, junto a Gutmaro Gómez
Bravo, de La obra del miedo. Violencia y sociedad en la España franquista (2011).
Antonio Múñoz Sánchez
Antonio.Munoz@EUI.eu

(Gijón, 1971) es doctor en Historia por el Instituto Universitario Europeo
de Florencia. Ha publicado diversos artículos sobre la política de la socialdemocracia alemana hacia las
dictaduras ibéricas y las relaciones con la oposición socialista a ambos regímenes, así como sobre la
emigración española en Alemania. Su tesis, «La política del SPD hacia el PSOE desde la dictadura a la
democracia (1962-1977). De la solidaridad a la realpolitik», será publicada próximamente.
Giulia Quaggio
giuliacqua@libero.it
Es doctora por la Universidad de Florencia con la tesis «Políticas culturales y transición
a la democracia: el caso del Ministerio de Cultura en España (1975-1986)» (2010, tutor Paul Ginsborg).
En 2010 ha disfrutado de una ayuda a la investigación de la Fundación Francisco Ayala para llevar a cabo
el proyecto «¿Libertad para qué? Encuentros y desencuentros entre Francisco Ayala y los Gobiernos
españoles en la transición a la democracia». Desde mayo de 2011 es investigadora contratada postdoctoral
en el Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la
Universidad Complutense (Madrid) con el proyecto «Las políticas culturales del PSOE: base de la consolidación
democrática española (1982-1992)», tutor José Álvarez Junco. Colabora con la revista «Spagna
Contemporanea».
Óscar Rodríguez Barreira
oscar.rodriguez.barreira@hotmail.com
Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Almería (UAL). Entre 2001 y 2005 fue
investigador predoctoral en la UAL, especializándose en la historia social y política del franquismo. Entre
2003 y 2004 realizó estancias de investigación en York University (Toronto, Canadá) y en la Universidad
Complutense de Madrid. Entre sus trabajos destacan Migas con miedo (Almería, 2008), Miserias del Poder.
(Valencia, 2011) y diversos artículos en revistas como Historia Social, Ayer, Hispania… Actualmente trabaja
como Investigador Postdoctoral en el Cañada Blanch Centre de la London School of Economics & Political
Science. Su línea de investigación afronta las resistencias cotidianas de las clases subalternas a las
dictaduras meridionales de entreguerras desde una perspectiva comparada
Felipe Nieto
felnieto@telefonica.net
Profesor tutor de historia contemporánea en la UNED. Doctor en Historia con la tesis Jorge Semprún:
militancia y oposición al franquismo (2007). Secretario de la Asociación de Historiadores del Presente.
Historia

El sueño americano

El debate sobre la eventual americanización
de Europa surgió en el viejo continente entre
finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
Para entonces se habían desvanecido definitivamente
las dudas sobre la viabilidad de la primera
república independiente americana, que habían
alcanzado su punto álgido durante la Guerra de
Secesión (1861-1865). La creciente fortaleza del
país se apreció en el espectacular crecimiento
económico y de población que siguió a aquel
conflicto, en la plena delimitación de sus fronteras
continentales y en una presencia exterior
cada vez más asertiva –intervenciones militares
en México, Centroamérica y el Caribe; anexión
de Hawái; guerra hispano-estadounidense de
1898; incremento exponencial de las inversiones
en el extranjero, etc. Todo ello generó al otro
lado del Atlántico, una mezcla de curiosidad,
admiración y recelo –dependiendo del observador–,
al tiempo que se abría paso en algunos
sectores la idea de que aquel país reunía todos
los ingredientes para convertirse en el modelo
de progreso y desarrollo más exitoso en el porvenir
inmediato.

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