Presentación
El Principio del Movimiento
A la historiografía sobre el franquismo le
ocurre lo contrario que a la tierra ya que, en
vez de achatarse, se agranda por los polos. Por
el de su final, el de la crisis de la dictadura, la
democratización y el estudio de la Transición
española, y por el inicial, el de la Guerra Civil y
la instauración de la dictadura de Franco. Pero
mientras que al primero se vienen dedicando
en los últimos años multitud de congresos,
exposiciones, publicaciones colectivas, monografías,
dossieres de revistas, especiales televisivos,
series de ficción, películas y dominicales,
el segundo, el inicial, parece estar quedando
en un segundo plano, apretado en un espacio
historiográfico ocupado por la reconstrucción
y análisis de la violencia del régimen franquista y
por el de su política internacional. A ese tiempo
de construcción dictatorial y experimentación
del fascismo, que ha generado toda una escuela
de trabajo en muchas universidades y grupos de
investigación, vamos a dedicar el monográfico
(la sección Expediente o el Expediente)
En este número, y en consonancia con la importancia
adquirida por toda una suerte de escuela
de historiadoras e historiadores que han
abordado la política, la cultura, la economía o el
proyecto nacional fascista (y que incluye a Ana
Cabana, Francisco Cobo, Teresa Ortega, Francisco
Morente, Ferran Gallego, Glicerio Sánchez,
Ismael Saz, Antonio Cazorla, Martí Marín y un
extendido etcétera), el foco va a situarse en la
inmediata posguerra civil y en la construcción
del régimen fascista en España. Queremos, pues,
hacernos eco de una tendencia bastante reciente,
pero ya consolidada, de estudios históricos
centrados en la creación e institucionalización
del franquismo, en el principio del Movimiento.
Y lo hacemos uniendo los trabajos más recientes
de cuatro historiadores que han destacado,
precisamente, entre quienes han analizado el
período y el proceso de institucionalización
fascista en España, partiendo de la política pero
abordando, en no pocas ocasiones, el proyecto
social de los vencedores en la Guerra Civil. Hay,
no obstante, en todo lo relativo a la construcción
de la dictadura algo de un eterno retorno:
el del empirismo y la historia política localista. Y
es que en demasiadas ocasiones, el de la historia
política es, en realidad, el retorno de la historia
de los políticos: un relato factual, superficial y
reiterativo, convencional en el peor sentido de
la palabra, huérfano de interpretación y lleno de
empirismo metodológico y obsesión notarial. La
historiografía sobre el franquismo ha mostrado,
a veces, un cierto desinterés por lo teórico y lo
comparativo. Pero sin uno ni otro, del franquismo
y del fascismo estamos condenados a saber
bastante poco. En todo esto, por demás, la cuestión
del primer franquismo y, en particular, de su
construcción política, adquiere una importancia
capital, pues trasciende el estudio de la región o
la localidad para convertirse en un análisis de la
naturaleza política y cultural del proyecto social
de la dictadura. Cuando, por ejemplo, para rebatir
su lugar entre los fascismos europeos se reclama
la heterogeneidad y complejidad políticas
del primer franquismo y de su personal político,
se niega de hecho esa misma complejidad al resto
de fascismos, tratados de modo arquetípico y
6
EXPEDIENTE
Damián A. González
monolítico. Reclamar la ausencia de fascismo en
España aduciendo la diversidad de orígenes políticos
e ideológicos de los (supuestos) fascistas
españoles es como pretender que en la Calabria
del ventennio o en la Baviera de 1933 no existiese
variedad ni diversidad política o identitaria.
Algo que cualquiera puede comprobar, pues de
hecho todos los fascismos triunfantes hubieron
de competir por el espacio del poder político,
y, desde luego, éste no fue tan monolítico como
muchas veces ha querido mostrarse: si existe un
«tipo ideal» de fascismo, éste debería aceptar la
heterogeneidad, complejidad e impureza de su
poder. Los cuatro autores de este expediente,
en esa misma dirección, han demostrado en trabajos
anteriores ese mismo interés comparativo,
metodológico e interpretativo que se viene reclamando,
y que trasladan aquí a sus artículos.
Nombrar el franquismo como un fascismo, un
régimen autoritario o como se decida, implica la
asunción y la toma de una posición historiográfica
fuerte. Pero para ello, es necesario saber que
todos los fascismos son políticamente heterogéneos.
Que todos los fascismos articulan, moldean
e instrumentan mitos nacionales propios,
y reinventan y adaptan mitos ajenos. Que todos
los fascismos se articulan desde abajo mediante
la explotación (Hacienda, estraperlo) y la construcción
de una sociedad, de la victoria, una utopía
concreta para la comunidad nacional. Que
todos los fascismos traen implícito un reparto
del botín. Y que todos los fascismos articulan
un grado extremo de violencia, pues sobre la
violencia política y su evangelio se apoyan desde
sus mismos orígenes. En ese sentido, la relación
directa entre el fenómeno de la guerra y el del
fascismo es más que conocida. Pero mientras
que ésa se torna evidente en sus orígenes, tanto
sociales como intelectuales, parece sin embargo
difuminarse en el análisis de la evolución de las
sociedades y regímenes fascistas. La guerra fue,
sin embargo, factor sine qua non para comprender
los años del auge fascista, los finales de la
década de los 30 y principios de los 40, tiempo
de la fascistización de España, Rumania, Croacia
o Francia, y de la radicalización y proposición de
sus proyectos sociales más extremos de Italia o
Alemania. La relación, pues, entre guerra y fascismo,
y la condición de la primera como marco
propiciatorio del segundo quedan en evidencia
si analizamos los mecanismos de construcción
del fascismo en España. Construcción que no
puede, pues, datarse en 1939, y que hay que empezar
a analizar a partir de 1936, o incluso desde
antes. No puede concebirse un año fundacional
de la dictadura en 1939, como si no hubiese
existido una guerra civil, el tiempo y el espacio
propiciatorios para la construcción del fascismo
(y del antifascismo) español. El fascismo español
tuvo su prueba de fuego, su propia guerra, en la
civil de 1936, siendo esta (y no al revés), pues, la
que dotó de contenido a aquel.
1936 por la limpieza política de la retaguardia,
y 1937 por la formalización del Régimen (destacando,
por encima de todos los procesos, el
de la creación del Partido Único) fueron años
fundacionales, de fascistización de España, y es
desde ellos que es necesario abordar la construcción
del régimen franquista. La Guerra
Civil fue el mito original –que prácticamente
sustituyó en la cultura política fascista española
al de las «jornadas de lucha»– de los fascistas
españoles a lo largo de sus trayectorias políticas,
en las que siempre incluyeron, pues si no es que
estaban fuera del Régimen, la no renuncia a los
valores del 18 de julio. Fue la piedra basal sobre
la que se apoyó el régimen fascista en España
y a partir del cual fue desarrollándose, con sus
características y rasgos específicos. Muchos de
ellos estaban, de hecho, en el Decreto de Unificación:
Liberación, unificación, superioridad,
jerarquía, armas, Franco. En los artículos de
este dossier no se aborda el fascismo en guerra
sino en posguerra, pero el conflicto, la guerra
de liberación, el exterminio de la anti-España
están muy presentes. De hecho, y los autores lo
hacen explícito, no puede comprenderse nada
de la construcción de la dictadura de Franco
sin atender a la Guerra Civil. Nada: ni la política
a escala local, regional o nacional, tratada por
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EXPEDIENTE
Las bases tributarias de la hacienda municipal franquista, 1939-1958
Javier Tébar en el caso del Gobierno Civil de
Barcelona (lo cual le sirve para evaluar el peso
de estas figuras en la implantación del fascismo
en España) y por Julián Sanz Hoya, quien aborda
los debates generados alrededor del fascismo
en provincias, lo cual es como decir los debates
centrales sobre la Europa fascistizante de entreguerras.
Y tampoco la cuestión económica,
abordada por Damián González en lo relativo a
la Hacienda municipal franquista, ni por supuesto
el estraperlo, del que habla en su artículo Miguel
Ángel del Arco, que no sería sino el resultado
de la implantación de una economía de guerra,
transportada a un tiempo también de guerra,
pero sin combates militares.
Estos cuatro autores, en suma, dan cuerpo
con sus trabajos a este dossier, que hemos
titulado Nuevas visiones, pero que en realidad
comparten más y tienen más coherencia que la
de ser miradas más o menos recientes. Todos
los que están, y los que no están, pero forman
parte de este complejo y crucial debate interpretativo
sobre el nacimiento de la dictadura
franquista, han dotado a la historiografía de una
perspectiva nueva frente a las interpretaciones
duales y los problemas abiertos desde hace ya
décadas (consenso, naturaleza del Régimen, importancia
de la violencia…). Éste no es, pues, un
tema cualquiera. Es uno de los temas cruciales
del contemporaneísmo español.
Javier Rodrigo (UAB)





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