Historia del Presente, 29. La izquierda parlamentaria y España como nación

De manera mayoritaria, el PSOE tuvo una tradición histórica centralista, para mucha hasta jacobina, si bien había reconocido la existencia de pueblos con identidad diferenciada que podían conseguir la autonomía, dentro de una única soberanía nacional. Como recuerda Guerra Sesma, en 1918 el catedrático y sucesor de hecho de Pablo Iglesias en el liderazgo del partido, Julián Besteiro, había apoyado la propuesta de la agrupación catalana de Reus que concebía España como una Confederación Republicana de Nacionalidades Ibéricas.

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índice

 Abdón Mateos,  La izquierda parlamentaria y España como nación ¿entre el debate interminable y el acuerdo inalcanzable?. Introducción

Daniel Guerra Sesma, El PSOE, entre el centralismo y el federalismo, 1873-1931

Andrea Geniola, Tirando del hilo de la “Nación de Naciones”. Las ‘Españas’ de Anselmo Carretero

Vega Rodríguez-Flores Parra, Los socialistas ante el reto autonómico, 1979-1981

EGOHISTORIA

Maria Elena Cavallaro, La Historia del presente y la Europa de hoy. Conversando con Timothy Garton Ash

EL PASADO DEL PRESENTE

Olga Glondys, Debates de la Historia y Memoria en Hungría

MISCELÁNEA

Amadeo Sánchez, La Guerra Civil española y los seguros de daños por Guerra, Motín y Tumulto popular

Ramón Arnabat, Refugios antiaéreos. Historia, arqueología y patrimonio

Jesús Movellán, El republicanismo histórico español, ante la sucesión en la Jefatura del Estado franquista de 1969

Gloria Román, Aprendiendo a ser demócratas. Protestas en el mundo rural de Andalucía en el tardofranquismo

Pablo Socorro, El papel de la izquierda revolucionaria en la vertebración del movimiento anti-OTAN

Presentación

De manera mayoritaria, el PSOE tuvo una tradición histórica centralista, para muchos hasta jacobina, si bien había reconocido la existencia de pueblos con identidad diferenciada que podían conseguir la autonomía, dentro de una única soberanía nacional. Como recuerda Guerra Sesma, en 1918 el catedrático y sucesor de hecho de Pablo Iglesias en el liderazgo del partido, Julián Besteiro, había apoyado la propuesta de la agrupación catalana de Reus que concebía España como una Confederación Republicana de Nacionalidades Ibéricas. Esta resolución no había tenido consecuencias prácticas, produciéndose pocos años después la escisión de los socialistas catalanistas. Algunas otras agrupaciones del PSOE, sobre todo de la España periférica, se habían impregnado de una cultura federalista, que tendría un realce imitativo durante los años de la Segunda República. Dentro del llamado Estado integral republicano, la autonomía se concibió en buena medida como una concesión descentralizadora, más una excepción que algo generalizado para todas las regiones, un planteamiento compartido por el PSOE, que –no sin algunas reservas– apoyó la concesión de estatutos de autonomía para Cataluña en 1932 y el País Vasco y Galicia en 1936

La derrota republicana trajo consigo un reforzamiento del sentimiento patriótico entre los exiliados socialistas, que contemplaba los estatutos de autonomía republicanos como el máximo que se podía conceder a los nacionalismos. Aunque tras la muerte de Prieto fue recuperada en un congreso del PSOE en 1964 la fórmula de España como confederación republicana de nacionalidades, la cultura federalista fue mucho más algo externo al PSOE que impregnó a nuevas organizaciones socialistas, como el Moviment Socialista de Catalunya, el Frente de Liberación Popular o el Partido Socialista Galego. En cambio, la alternativa socialdemócrata del profesor Enrique Tierno Galván fue ajena al federalismo hasta la refundación del grupo como Partido Socialista Popular. Solamente, diez años después, con ocasión del Congreso de Suresnes el PSOE retocó su idea de España como “república federal de nacionalidades”, que podrían ejercer el derecho de autodeterminación, sin olvidar la autonomía de las regiones. Debe tenerse en cuenta que, además de tratar de integrar al neosocialismo representado en la Conferencia Socialista Ibérica, las federaciones vascas constituían el núcleo principal del PSOE clandestino, colaborando estrechamente con el nacionalismo vasco, que, para entonces, competía con una militante izquierda “abertzale”. Los planteamientos republicanos federales fueron refrendados por la Plataforma de Convergencia Democrática en 1975 y por el Congreso del PSOE en diciembre de 1976.

La lucha por la “liberación” de las nacionalidades se concebía como un elemento más del combate por la democracia frente al centralismo franquista e, incluso, como la forma de organización territorial de Estado dentro de la lucha del “pueblo trabajador” por la construcción de una sociedad socialista autogestionaria. Sin embargo, da la sensación de que para los principales dirigentes del PSOE renovado la cuestión territorial era un elemento central de la estrategia para alcanzar la hegemonía en la izquierda y, después de 1977 y hasta 1981, para llegar al poder. Hay que tener en cuenta que el PSOE ganó las elecciones de 1977 en territorios como el País Vasco, Cataluña, País Valenciano y Andalucía con crecientes sentimientos identitarios.

Como afirma Vega  Rodríguez, no se puede decir que la postura de la dirección socialista fuera meramente oportunista, sino que sufrió una evolución en función de los avatares de la política de la transición. Un momento clave fue la reunión de Sigüenza de agosto de 1977, que reveló las divergencias del núcleo dirigente y de los intelectuales afines antes de la absorción de los nuevos grupos federalistas y/o nacionalistas. Alfonso Guerra tuvo dudas sobre si la política del partido debía impulsar a fondo la dinámica autonómica inclinándose inicialmente por mantener el principio federal dentro de una idea de autonomía para todos los territorios sin distinguir entre nacionalidades y “regionalidades”. El sector crítico, representado por Pablo Castellano y Luis Gómez Llorente, insistió en mantener el proyecto federal no sólo como principio, algo que Felipe González no consideró viable dentro de la “vieja dama” de la correlación de fuerzas en unas Cortes salidas de la ley para la Reforma Política. Los catedráticos de Derecho Político explicaron la contradicción entre el proyecto federal y la descentralización autonómica, y sus dudas sobre la diferenciación entre territorios. Al final, se impuso la sensibilidad de Peces Barba, apoyada por González, para apoyar la distinción entre nacionalidades y regiones, abandonando el federalismo salvo como aspiración.

El ponente constitucional incluso terminaría apelando retóricamente a la idea de España como nación de naciones, que defendía el dirigente de los miembros del PSOE en México, Anselmo Carretero, un federalismo historicista, que tenía ciertas concomitancias con el pensamiento regionalista conservador. Sin embargo, como ha estudiado Andrea Geniola, la idea de España de Carretero, que no distinguía entre nacionalidades y regiones, no fue aprobada en los congresos del PSOE en 1976 y 1979, sustituyéndose el derecho de autodeterminación por el apoyo al autogobierno de todos los territorios. El consenso constitucional aceptado por los socialistas terminó definiendo un modelo unitario descentralizado en el existía la unidad de una nación soberana, aunque plural al distinguir entre nacionalidades y regiones.

La contribución de otras formaciones de la izquierda parlamentaria al debate constitucional provino sobre todo del grupo comunista, que englobaba al PSUC, y que tuvo a Jordi Solé Tura como ponente constitucional. Solé, además de militar en el PSUC, provenía de formaciones de la nueva izquierda radical, como Frente de Liberación Popular y de Bandera Roja. Los catalanes Jordi Solé y Miquel Roca, quien también provenía del Frente de Liberación Popular, pero que, entonces, representaba al Pacte Democrátic de Catalunya, jugaron un papel decisivo en la introducción del término nacionalidades en el artículo 2 de la Constitución. Como han recogido Carme Molinero y Pere Ysàs, para el ponente comunista, la declaración reflejaba el empate y la concordia entre dos ideas de España, aunque la misma no estuviera exenta de contradicciones.

Los grupos del PSC Congrés y los diputados del PSP y de formaciones socialistas periféricas confluyeron con el PSOE, con el que culminaron la unidad antes de la aprobación de la Constitución. La excepción fueron los diputados Letamendía, Barrera y Gastón, de Euzkadiko Ezkerra, Partido Socialista de Aragón y Esquerra de Catalunya, que defendieron el derecho de autodeterminación.

Pocos meses antes de la aprobación del texto constitucional se había producido la unidad socialista, absorbiendo al PSP y a una fracción de USO ligada a Reconstrucción Socialista, y a sectores de los socialistas valencianistas, aragonesistas y galleguistas. La única refundación propiamente dicha fue la del socialismo en Cataluña, que reunió a la federación catalana del PSOE, el PSC Congrés y el PSC Reagrupament, con predominio de los seguidores de los catalanistas Joan Reventós y Raimon Obiols. En apariencia, la entrada de estos millares de nuevos afiliados reforzó la cultura federalista en el seno del PSOE y tuvo influencia en la crisis del partido en 1979. En cualquier caso, el federalismo que incluyese el principio de la autodeterminación terminó siendo expulsado de las resoluciones de los partidos territoriales del PSOE como partido federal, con la notable excepción del Partit dels Socialistes Catalans (PSC-PSOE) hasta al menos la mitad de los años ochenta.

Hasta 1980, en gran medida como imitación de lo que ocurría en las nacionalidades históricas que habían disfrutado en el pasado de un estatuto de autonomía, las federaciones del PSOE en Aragón, Baleares, Canarias, Andalucía, Valencia e incluso Extremadura reivindicaron el acceso pleno a la autonomía, como establecía el artículo 151 de la Constitución.

 La nueva dirección salida del congreso de septiembre de 1979, en el que Felipe González regresó a la secretaria general, pronto puso coto a buena parte de estas aspiraciones, dentro de la lógica de la escasa convicción federalista mantenida por el partido en el debate constitucional y la necesidad de armonizar el desarrollo autonómico. Sin embargo, paradójicamente, la larga estancia del PSOE en el poder y la consolidación del Estado de la Autonomías convirtió al partido en un “racimo de uvas” frente al modelo hipercentralizado del pasado.

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Hace unos meses, la UNED promovió el Congreso internacional “Nación y nacionalismo en la España de las Autonomías”, dirigido por Isidro Sepúlveda. Quizá sea este uno de los temas más transitados en los últimos años por la historiografía contemporaneísta, llegando a claras conclusiones que no tienen suficiente resonancia en el debate público.

En realidad, la idea de España de los socialistas ha ido evolucionando no sólo en el tiempo sino adaptándose a las peculiaridades de los diversos territorios autonómicos. En cualquier caso, la construcción del Estado de las Autonomías fue un aspecto central de la actividad política del PSOE durante los años de oposición a los gobiernos centristas de UCD hasta 1982 y después en la etapa de gobierno de Felipe González.

Es cierto que una parte de los dirigentes socialistas han tenido dificultad durante las últimas décadas para incluir la idea de España como nación en su discurso, sobre todo en las etapas de gobierno, como consecuencia de la apropiación del españolismo por la dictadura franquista y por la necesidad de competir con formaciones nacionalistas subestatales, como ha estudiado Carsten Humlembaek.

Hoy en día, el filósofo y político José Antonio Pérez Tapias e Izquierda Socialista defienden la idea del federalismo plurinacional, que no es lo mismo que la definición de España como nación de naciones, contenida en cierta manera en la Constitución de 1978 y que es invocada a veces por el PSC al mismo tiempo que defienden el carácter nacional de Cataluña. Sin embargo, el desarrollo autonómico fue más una descentralización, que fue homogeneizada con el transcurso de los años y los pactos autonómicos entre las fuerzas parlamentarias mayoritarias en 1982 y 1992. En realidad, el ensayista socialista exiliado en México, Anselmo Carretero, creía que España era una supernación que comprendía otras nacionalidades o naciones.

El PSOE de la transición evolucionó desde el neofederalismo a un autonomismo federalizante. En realidad, el federalismo plurinacional defendería que España es un Estado más que una nación y que comprende varias naciones o nacionalidades, lo que viene a ser lo mismo, por mucho que a menudo se reserve el término nacionalidad para las llamadas naciones culturales. Creo entender que los defensores de la plurinacionalidad coinciden con los federalistas de izquierda catalanes, que defienden un federalismo asimétrico.

El reconocimiento constitucional y estatutario de algunas naciones dentro de España no debería ser motivo de disputa, porque ya está ambiguamente reconocido en la Constitución de 1978, al señalar que España es una nación compuesta por nacionalidades y regiones. El problema, claro está, llega cuando los nacionalistas pretenden construir nuevos Estados, rompiendo la única soberanía nacional española.

Quizá la vía política para resolver este debate inacabable sería un acuerdo de abajo a arriba, entre las Comunidades Autónomas y el gobierno central, y la reforma de leyes como la de los referéndums, como ha destacado Santos Juliá. Creo que sería conveniente no tocar la definición de España en la Constitución de 1979, que fue fruto de un complicado consenso. Otra cosa más factible sería la reforma del Senado y especificar la personalidad de Catalunya, Euskadi y Galiza como nacionalidades.

En cualquier caso, a pesar del confusionismo teórico y de las contradicciones evidentes, la necesidad de alcanzar un nuevo acuerdo reformador entre las formaciones políticas parlamentarias quizá obligue al reconocimiento expreso de la plurinacionalidad manteniendo la afirmación de España como única nación-estado.

Abdón Mateos

Autores

JULIO PRADA RODRÍGUEZ
Profesor titular de Historia Contemporánea en la Facultad de Historia de Ourense y licenciado en Derecho. Está especializado en el estudio de la violencia política, el primer franquismo y la transición a la democracia, ámbitos en los que ha publicado una veintena de libros y más de un centenar de artículos y aportaciones a congresos. Entre sus últimas monografías, destacan La España masacrada. La represión franquista de guerra y posguerra (2010), Geografía de la represión franquista en Galicia (2011), Franquismo y represión de género en Galicia (2013), No solo represión. La construcción del franquismo en Galicia (dir.) (2014). Marcharon con todo. La represión económica en Galicia durante el primer franquismo (2016).
MARÍA LUZ DE PRADO HERRERA
Profesora de Historia Contemporánea en la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha participado en una decena de proyectos de investigación relacionados con la Historia de la guerra civil española y con la Historia de las mujeres, cuyo resultado se ha plasmado en publicaciones nacionales e internacionales, como el monográfico, La contribución popular a la financiación de la Guerra Civil: Salamanca, 1936-1939, Universidad de Salamanca, 2012; Esta salvaje pesadilla. Salamanca en la guerra civil española, Crítica, 2007, o ¿Mujeres sabias? Mujeres universitarias en España y América Latina, Pre-sses Universitaires de Limoges, 2015.
MARÍA CONCEPCIÓN ÁLVAREZ GÓMEZ
Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Historia, Territorio y Recursos Patrimoniales. En la actualidad ejerce como investigadora contratada por la Universidad de Vigo y profesora tutora de la UNED. Está especializada en el estudio de las mujeres durante el franquismo y la Transición, ámbitos en los que ha publicado diversos trabajos como Las mujeres en el tardofranquismo y la transición a la democracia (2011) y El Movimiento Democrático de Mujeres (2013). También ha sido responsable de diversos proyectos de investigación, entre ellos, Aproximación histórica a la sociabilidad en los balnearios ourensanos.
JOSÉ RAMÓN RODRÍGUEZ LAGO
Profesor Contratado Doctor interino por la Universidad de Vigo. Entre sus publicaciones sobresalen las que analizan el papel desempeñado por las instituciones católicas en la España del siglo XX como: Cruzados o herejes. La religión, la Iglesia y los católicos en la Galicia de la Guerra Civil (2010); La Iglesia católica en Galicia (1910-1936). Entre la revolución de Portugal y la cruzada de España (2012); «La batalla eclesial por Madrid. Los conflictos entre Eijo y Tedeschini (1923-1936)», Hispania Sacra (2012); «Las redes católicas entre España y los Estados Unidos de América (1919-1939)», en MERCADO, J. C. (ed.): Historical Links between Spain and North America, Biblioteca Benjamin Franklin (2016). «Deconstruyendo mitos. El factor religioso en la Guerra Civil», La Guerra Civil española, una visión bibliográfica, en A. Viñas y J. A. Blanco. Marcial Pons Digital, 2017.
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NATALIA URIGÜEN
Doctora en Historia por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) con la tesis El papel de la democracia cristiana alemana en la Transición española (cum laude y mención europea) que será publicada en 2018 por Biblioteca de Historia (CSIC). Realizó el Máster en la España Contemporánea en el contexto Internacional en la misma universidad sobre Treinta años de política exterior alemana hacia España (1949-1969). Ha disfrutado de una beca predoctoral FPI de la UNED en el departamento de Historia Contemporánea, y actualmente es profesora del grado de Relaciones Internacionales en la Universidad Francisco de Vitoria. Es miembro investigador de CIVITAS FARDC, grupo europeo de investigación sobre democracia cristiana, dirigido por la KADOC Lovaina, la Konrad-Adenauer-Stiftung (Bonn) y el Istituto Luigi Sturzo (Roma).
PATRICIA GASCÓ ESCUDERO
Licenciada en Historia por la Universidad de Valencia en 2003, Doctora en 2015 por dicha Universidad con la tesis «La transición política en España: poder nacional y poder regional en UCD-Valencia, UCD-Castellón y UCD-Alicante (1976-1982)», en curso de publicación. Profesora asociada del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Valencia. En 2010 publicó el libro UCD-Valencia: estrategias y grupos de poder político. Se deben destacar sus comunicaciones, capítulos en obras colectivas y artículos en revistas especializadas.
MANUEL ORTIZ HERAS
Catedrático de Historia Contemporánea en la Facultad de Humanidades de Albacete y coordinador del Seminario de Estudios del Franquismo y la Transición (SEFT) en la UCLM. Entre sus principales publicaciones sobre la Transición de los últimos años destacan las monografías, Movimientos sociales en la crisis de la dictadura y la Transición: Castilla-La Mancha, 1969-1979 (2008), Culturas políticas del nacionalismo español. Del franquismo a la Transición (2009) y La Transición se hizo en los pueblos. El caso de la provincia de Albacete, (2016). Asimismo, es autor de trabajos como «Un partido político para la reforma: la UCD de Adolfo Suárez (1976-1982), en Rafael Quirosa (ed.), Los partidos políticos en la Transición, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, y artículos como «Militancia de partido en la cultura política de la Transición. El caso de la UCD», en Alcores, 14 (2012), o «Cabos sueltos y lagunas pendientes: la Transición y sus lecturas recientes», en Historia del Presente, 27 (2016/1).
SERGIO MOLINA GARCÍA
Investigador FPI contratado por la UCLM en el Seminario de Estudios del Franquismo y la Transición. Ha trabajado sobre la construcción social del sistema de partidos durante la Transición, y actualmente realiza su tesis doctoral sobre las relaciones bilaterales España-Francia (1975-1982). Recientemente ha publicado La construcción de la democracia. Activismo político de la UCD y del PSOE durante la Transición en la provincia de Albacete (Altabán, 2017) y La Transición que no fue. Los proyectos revolucionarios y franquistas en la provincia de Albacete, 1975-1982 (IEA, 2017). Colabora en varios seminarios con la Université Paris X-Nanterre.
CRISTIAN FERRER GONZÁLEZ
Historiador en el Centre d’Estudis sobre les Èpoques Franquista i Democràtica de la Universitat Autònoma de Barcelona (CEFID-UAB). Sus líneas de investigación giran en torno a la historia social y política del antifranquismo, con una especial dedicación al partido de los comunistas catalanes. Destaca su interés por la protesta campesina, el movimiento obrero fuera del cinturón industrial barcelonés, o cuestiones relacionadas con pautas de sociabilidad popular durante el franquismo, temáticas sobre las que ha publicado en numerosas obras colectivas y en diversas revistas especializadas. Es autor de Lluitadors quotidians (2014), y está ultimando su segunda monografía Sota els peus del franquisme (prevista para 2018).
ROMANÉ LANDAETA SEPÚLVEDA
Doctora en Historia Contemporánea por la UAM, Máster en Gobernanza y Derechos Humanos, UAM; Máster en Historia Contemporánea, UAM; Magíster en Estudios de Género y Cultura U. de Chile; Historiadora UMCE. Líneas de investigación sobre la Historia del Tiempo Presente, Historia de América Latina, la relación entre Historia y Memoria, Estudios de Género y Derechos Humanos. Investigadora del Grupo de Estudios de Historia y Justicia. Ha publicado diversos artículos sobre violencia política y detenidos desaparecidos, entre ellos, A pesar de la ausencia, tu presencia queda. La experiencia de búsqueda de Familiares de víctimas de violencia política en Chile (1973-1990)», en Albornoz, María Eugenia (ed.), Sentimientos y justicia: coordenadas emotivas en la fractura de experiencias judiciales. Chile, 1650-1990, Santiago, Acto Editores, 2016.
CÉSAR LUENA LÓPEZ
Licenciado en Humanidades por la Universidad de La Rioja. Mejor expediente académico de la promoción 2003. Diploma de Estudios Avanzados y Suficiencia Investigadora, en septiembre de 2005, con el trabajo Autarquía y mercado. La diversificación del Rioja en el siglo XVIII, sobresaliente por unanimidad. Defensa de la tesis doctoral en la universidad de La Rioja, 8 de marzo de 2014, con el título Antonio Larrea, el alma del Rioja. Calificación: Sobresaliente cum laude. Miembro del CIHDE (Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española) y de la Asociación de la Historia del Presente. Patrono de la Fundación Pablo Iglesias. Miembro de los consejos asesores de las revistas Sistema y Temas para el debate.
EDUARDO ABAD GARCÍA
Graduado en Historia, Máster en Historia y Análisis Sociocultural por la Universidad de Oviedo. En la actualidad es doctorando de la misma universidad con una tesis sobre la disidencia ortodoxa en el comunismo español. Disfruta de un contrato predoctoral «Severo Ochoa» para la formación en investigación y docencia del Principado de Asturias. Es miembro del Colectivo Historia Crítica. Coautor junto con Irene Díaz del libro Los xugos pa xuncir les fleches pa pinchar. Guerra y represión en Asturias: Concejos de Cangas de Onís y Parres (1937-1945), Madrid, 2013, Silente. Ha participado en varios seminarios y congresos con ponencias como: «Ortodoxos, disidentes y revolucionarios. El proyecto político de los comunistas españoles fieles al campo socialista (1968-1980)» en el IX Encuentro de Investigadores del franquismo. 80 años del inicio de la Guerra Civil, 80 años de la guerra civil española. Granada, 10 y 11 de marzo de 2016 o «¿Prosoviéticos, leninistas u ortodoxos? Elementos para el debate sobre una identidad comunista en la Transición» en el Congreso internacional La España actual: cuarenta años de historia (1976-2016), Cádiz 10-11-12 de mayo, AHP- AHA.

¿ENTRE EL DEBATE INTERMINABLE Y EL ACUERDO INALCANZABLE?.

La izquierda parlamentaria.  De manera mayoritaria, el PSOE tuvo una tradición histórica centralista, para mucha hasta jacobina, si bien había reconocido la existencia de pueblos con identidad diferenciada que podían conseguir la autonomía, dentro de una única soberanía nacional. Como recuerda Guerra Sesma, en 1918 el catedrático y sucesor de hecho de Pablo Iglesias en el liderazgo del partido, Julián Besteiro, había apoyado la propuesta de la agrupación catalana de Reus que concebía España como una Confederación Republicana de Nacionalidades Ibéricas.

La derrota republicana trajo consigo un reforzamiento del sentimiento patriótico entre los exiliados socialistas, que contemplaba los estatutos de autonomía republicanos como el máximo que se podía conceder a los nacionalismos. Aunque tras la muerte de Prieto fue recuperada en un congreso del PSOE en 1964 la fórmula de España como confederación republicana de nacionalidades, la cultura federalista fue mucho más algo externo al PSOE que impregnó a nuevas organizaciones socialistas, como el Moviment Socialista de Catalunya, el Frente de Liberación Popular o el Partido Socialista Gallego. En cambio, la alternativa socialdemócrata del profesor Enrique Tierno Galván fue ajena al federalismo hasta la refundación del grupo como Partido Socialista Popular. Solamente, diez años después, con ocasión del Congreso de Suresnes el PSOE retocó su idea de España como “república federal de nacionalidades”, que podrían ejercer el derecho de autodeterminación, sin olvidar la autonomía de las regiones. Debe tenerse en cuenta que, además de tratar de integrar al neosocialismo representado en la Conferencia Socialista Ibérica, las federaciones vascas constituían el núcleo principal del PSOE clandestino, colaborando estrechamente con el nacionalismo vasco, que, para entonces, competía con una militante izquierda “abertzale”. Los planteamientos republicanos federales fueron refrendados por la Plataforma de Convergencia Democrática en 1975 y por el Congreso del PSOE en diciembre de 1976.

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