Historia del Presente, 10. La Iglesia en el tardofranquismo

Inicialmente preparamos este dossier sobre la Iglesia en el tardofranquismo bajo la rúbrica del “despegue” para significar el  proceso de distanciamiento e incluso de oposición al Régimen de Franco que se opera en la Iglesia católica especialmente en la última década del franquismo. Un “despegue” que, según hemos explicado en otras ocasiones, se puede analizar como un proceso en dos niveles y en dos tiempos, Un distanciamiento crítico en las “bases” (organizaciones seglares y algunos clérigos) que se inicia a mediados de la década de los cincuenta y alcanza su punto culminante con la llamada crisis de la Acción Católica en 1966; y  un distanciamiento de la Iglesia institucional, coincidiendo con el liderazgo de Tarancón en la Iglesia española y que tiene su expresión culminante en los trabajos y conclusiones de la Asamblea Conjunta (septiembre 1971) y en el documento episcopal colectivo “Iglesia y comunidad política” (febrero 1973). En medio de estas dos fases podríamos hablar de un tiempo de división y tensión, entre 1966 y 1970, de conflicto de la Conferencia Episcopal con la Acción Católica, y de relevo de una Conferencia episcopal por otra.

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Presentación

PRESENTACIÓN

El expediente monográfico de este número de la revista Historia del Presente, bajo el título “España: la mirada desde fuera”, está dedicado a una temática muy precisa y relevante en el ámbito historiográfico: el examen y análisis de las imágenes, concepciones y estereotipos sobre España y los españoles operantes en cuatro países determinados de nuestro entorno cultural a lo largo de dos coyunturas históricas de especial importancia para la historia española en el siglo XX. Los cuatro países analizados en el expediente son los siguientes por orden de proximidad geográfica: Portugal, Gran Bretaña, la Unión Soviética y los Estados Unidos de América. Las dos coyunturas históricas objeto del análisis resultan igualmente concretas y cruciales: el trágico trienio de la guerra civil española de 1936-1939 y los decisivos años finales del régimen franquista y del proceso de transición política de la dictadura a la democracia (1970-1978).

El conjunto de artículos aquí reunidos comparte un presupuesto historiográfico canónico en los estudios sobre los diversos estereotipos “nacionales” e ideas preconcebidas acerca de las “naciones” vigentes y operantes en el mundo. A saber: esos “estereotipos” (neologismo griego formado por stereòs – rígido– y tùpos –impresión– para denotar los moldes de reproducción de formas fijas de letras y signos ortográficos) constituyen un verdadero “marco cognitivo” de lectura e interpretación, mediante imágenes simplificadoras, capaz de filtrar y procesar masiva información con facilidad y celeridad, funcionando como verdaderos “atajos mentales” que reducen el esfuerzo intelectual y permiten aprehender la complejidad del mundo en fórmulas orientadoras sencillas y claras. En palabras ya clásicas de José Antonio Maravall (“Sobre el mito de los caracteres nacionales”, Revista de Occidente, I, 3, 1963, pp. 257-276), esas imágenes estereotipadas son “generalizaciones lógicas” de matriz inductiva y supuestamente fundadas “en base empírica suficiente” (“por eso, en apoyo de sus afirmaciones, se citan anécdotas, frases, gestos”).

El origen y cristalización de tales “generalizaciones” referidas a agrupaciones colectivas humanas es, como mínimo, tan antiguo como la existencia de la literatura escrita, por su misma utilidad pragmática y por su conveniencia etno-semántica (la identidad propia requiere una clara concepción de la ajena para poder constituirse: Nos versus Ellos). En lo que respecta a las “naciones” europeas en su sentido canónico, la floración de estereotipos comenzó con la potente intensificación de las relaciones entre los estados modernos a partir del Renacimiento y se constituyó en una especie de género literario muy popular al compás de la Ilustración. Al respecto, basta recordar, a título de ejemplo renacentista, el Libro de la descripción de los países de Gilles Le Bouvier (1450), o, en el caso ilustrado español, el discurso del padre Feijóo titulado Mapa intelectual y cotejo de las naciones (1728).

Desde el siglo XVIII en adelante, los estereotipos sobre el “carácter peculiar y particular” de cada nación ganaron popularidad y respetabilidad por su propia utilidad interpretativa y por su apariencia de verdad. No en vano, dichas “generalizaciones” podían ser, iban a ser y continúan siendo, en gran medida, abusivas e imperfectas por razones evidentes dado su origen y naturaleza inductiva: sus datos de partida eran a veces inexactos, casi siempre insuficientes, muy a menudo carentes de valor determinante y por ello mismo susceptibles de ser desmentidos por múltiples casos particulares. También por eso mismo se suele decir desde el análisis de David Hume que “todas las generalizaciones inductivas son falsas”. Pero cabe señalar que su limitada base de apoyo puede no serlo y, en todo caso, esa máxima cautelar debe aplicarse igualmente al propio contenido de la sentencia, con su corolario implícito: no todas las generalizaciones son falsas y algunas pueden ser válidas y verdaderas. En palabras de Bertrand Russell: “sin la inducción, la ciencia [también cabría decir: todo tipo de conocimiento] es imposible”.

En efecto, las generalizaciones lógicas que están en la base de los estereotipos nacionales no son ni pueden ser reflejos coherentes e indubitables del material empírico que aspiran a organizar intelectualmente. Pero existen y se producen porque son una especie de filtros interpretativos, de “mapas conceptuales de lectura”, que dan sentido a la inagotable experiencia sensible de nuestro mundo y que orientan mínimamente nuestras conductas y comportamientos. Sobre todo porque, una vez constituidas y cristalizadas como tales imágenes estereotipadas, tienen vigencia y dinámica propia y pasan a configurar un factor operativo del propio universo cultural en el que actúan y evolucionan. Esa doble dialéctica de necesidad y equivocidad propia de los estereotipos “nacionales” (y de otro tipo: cronológico, antropológico) fue apreciada ya en el mismo siglo XVIII por los autores que recurrieron a ellos o los sometieron a crítica racional. De hecho, ni más ni menos que Johann Gottfried Herder, en su influyente obra titulada Otra filosofía de la historia, publicada en 1774, hacía referencia a ambas facetas conjugadas. Por un lado, al subrayar la equivocidad de las generalizaciones sobre el ser humano y su historia, Herder afirmaba sin ambages sus limitaciones inductivas y el carácter artificioso de cualquier construcción general sobre “pueblos”, “naciones” y “épocas históricas”:

 

Nadie en el mundo siente más que yo la debilidad de las caracterizaciones generales. Pintamos un pueblo entero, una época, una región, ¿a quién hemos pintado? Resumimos los pueblos y las épocas que se suceden en una alternativa infinita, como las olas del mar, ¿a quién hemos pintado? ¿A quién se refiere la palabra que describe? En definitiva, no los resumimos más que con una palabra general con la que cada uno piensa y siente acaso lo que quiere. ¡Imperfecto medio de descripción! ¡Con qué facilidad podemos ser entendidos de forma equivocada! (J.G. Herder, Obra selecta, Madrid, Alfaguara, 1982, p. 295).

 

Y, sin embargo, en el mismo texto y casi a continuación, Herder daba cuenta con acierto de la inexcusable necesidad humana de concebir y utilizar ese tipo de construcciones generalizantes para proceder a la comprensión de los fenómenos exteriores, en una dialéctica de progressus y regressus desde la empiria al concepto tan recurrente como ilimitada:

 

¿Puede haber un cuadro general sin subordinar unas cosas a otras y ordenarlas entre sí? ¿Puede haber una amplia perspectiva sin cierta elevación? Si te acercas mucho al cuadro, si haces cortes en él, si te fijas sólo en ese grumo de pintura, nunca verás el conjunto del cuadro, ¡lo que menos verás será el cuadro! (J.G. Herder, op. cit., pp. 297-298).

 

Los artículos recogidos en el presente expediente aspiran a registrar con la debida prudencia y cautela ese devenir dinámico propio de las “imágenes” y “concepciones” sobre España y los españoles en los casos geográficos y épocas históricas ya mencionadas y avanzadas. Y también aspiran a demostrar cómo, una vez constituidos y cristalizados, los estereotipos tienen “vida propia y autónoma” y se convierten en factores que operan en las coyunturas históricas con una fuerza y vigor a veces no totalmente apreciada ni suficientemente explicada.

Para acometer esa tarea historiográfica, a medio camino entre el análisis propio de la historia socio-política y la perspectiva de la historia cultural, han participado en esta empresa un total de cuatro historiadores, incluyendo al editor firmante de estas páginas introductorias, Enrique Moradiellos (Universidad de Extremadura). Se trata, por obligado orden alfabético, de los profesores Encarna Lemus (Universidad de Huelva), Manuel Loff (Universidade do Porto) y Olga Novikova (Universidad Autónoma de Madrid/Universidad de Extremadura). No estimamos que sea competencia del editor la tarea de sintetizar aquí, ni siquiera brevemente, lo que cada uno de ellos ha escrito. El resumen situado en las páginas finales de la revista cumple con creces ese papel informativo sin rival posible. Pero sí consideramos obligada la presentación y adjudicación básica de sus temáticas correspondientes: en el caso de la profesora Lemus, las imágenes sobre España en los Estados Unidos de América durante los años del tardo-franquismo y la transición política; en el caso del profesor Loff, esas imágenes en el Portugal salazarista durante la guerra civil y después de la Revolución de los Claves al compás de la transición política postfranquista; y, finalmente, en el caso de la profesora Novikova, las imágenes en la Unión Soviética durante los cruciales años de la guerra civil española.

En nuestra calidad de editor, sólo nos cabe agradecer públicamente a estos tres colegas y amigos su generosa disposición para participar en este expediente monográfico y la evidente calidad de sus colaboraciones escritas. Como es natural y lógico, queda a juicio de los lectores la opinión última sobre la valía de la empresa en su conjunto y sobre el acierto o desacierto del editor y de sus colaboradores al llevarla a cabo.

 

Enrique Moradiellos

Índice

EXPEDIENTE. El despegue de la Iglesia. Feliciano Montero (ed.)
Introducción: «La Iglesia en el tardofranquismo o el ‘despegue’ de la Iglesia»
Enrique Berzal de la Rosa, «Católicos en la lucha antifranquista. Militancia sindical y política» 7
Mónica Moreno, «Mujeres en la transición de la Iglesia hacia la democracia: avances y dificultades»
Pablo Martín de Santa Olalla, «El Concordato que nunca llegó a renovarse»
Francisco Martínez Hoyos, «Cristianos contra Franco en Cataluña»
EGOHISTORIA
Mariano Esteban de Vega, «El compromiso del historiador. Conversación con Antonio Morales»
EL PASADO DEL PRESENTE
César Tcach, «Dictaduras y organizaciones guerrilleras en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay: ejercicio de un análisis comparativo»
MISCELÁNEA
Enrique Moradiellos, «El doctor Negrín y las cuentas fi nancieras del exilio republicano. Una ponderación rectificadora»
Abdón Mateos, «El Gobierno Negrín en el exilio: el Servicio de Evacuación de Refugiados» 143
CRÓNICA
Aleksandra Leszczynska, «La España del Presente. El franquismo durante los años cincuenta.
III Congreso de la Asociación de Historiadores del Presente» 169

Autores

Enrique Moradiellos es en la actualidad catedrático de historia contemporánea en el Departamento de Historia de la Universidad de Extremadura. Entre su producción histórica publicada destacan los siguientes libros: La perfidia de Albión. El gobierno británico y la guerra civil española (Madrid, Siglo XXI Editores, 1996); El reñidero de Europa. Las dimensiones internacionales de la guerra civil española (Barcelona, Península, 2001); Franco frente a Churchill. España y Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial (Barcelona, Península, 2005); y Don Juan Negrín (Barcelona, Península, 2006).

Encarnación Lemus es profesora de Historia Contemporánea en la Universidad de Huelva y lo ha sido en las Universidades de Santiago y de Valparaíso en Chile y, en la Universidad de Puerto Rico, en París VII y en la Universidad de Michigan, además de Investigadora en el IUE de Florencia y en el Instituto del Tiempo Presente de París. Sobre la dimensión exterior de la Transición Española ha publicado, entre otros trabajos, En Hamelín… la transición más allá de las fronteras (Oviedo, Septem Ediciones, 2001).

Olga Novikova es linvestigadora del Programa de Estudios Rusos de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha seleccionado, traducido y comentado una amplia selección de obras claves del pensamiento político ruso de los siglos XI-XX: A. I. Herzen, Pasado y pensamientos (Madrid, Tecnos, 1984); Rusia o Occidente (1997); La Tercera Roma (2000). Es autora de numerosos artículos, publicados en español, ruso y francés, dedicados a la historia del pensamiento y la cultura rusos que se han publicado en España, Rusia, Francia y Gran Bretaña.

Antonio Miguez MachInvestigador contratado en el Proxecto de Investigación «As vítimas. Os nomes, as voces e os lugares», especializado en la historia de los movimientos sociales y los procesos de construcción de la ciudadanía, tema que aborda su Tesis Doctoral: La construcción de la ciudadanía a través de los movimiento sociales. El movimiento obrero en Galicia (1890-1936) (Santiago de Compostela, 2006). Su último libro (del que es coautor Miguel Cabo) se ocupa del socialcatolicismo en Galicia: A propósito de Brañas: o sindicalismo católico obreiro e agrario en Galicia ata a Guerra Civil (Santiago de Compostela 2006) 

Fernando Molina Aparicio Investigador Ramón y Cajal, especializado en el estudio del nacionalismo y las identidades nacionales en la España y el País Vasco de los siglos XIX y XX y en el estudio del cooperativismo, la economía social y el catolicismo del  País Vasco del siglo XX. De sus tres últimos libros publicados, dos están dedicados a este último tema: José María Arizmendiarrieta (1915-1976) (Mondragón, 2005) y Fagor Electrodomésticos. Historia de una experiencia cooperativa (1956-2006) (Mondragón, 2006)

LA IGLESIA EN EL TARDOFRANQUISMO

Inicialmente preparamos este dossier sobre la Iglesia en el tardofranquismo bajo la rúbrica del “despegue” para significar el  proceso de distanciamiento e incluso de oposición al Régimen de Franco que se opera en la Iglesia católica especialmente en la última década del franquismo. Un “despegue” que, según hemos explicado en otras ocasiones, se puede analizar como un proceso en dos niveles y en dos tiempos, Un distanciamiento crítico en las “bases” (organizaciones seglares y algunos clérigos) que se inicia a mediados de la década de los cincuenta y alcanza su punto culminante con la llamada crisis de la Acción Católica en 1966; y  un distanciamiento de la Iglesia institucional, coincidiendo con el liderazgo de Tarancón en la Iglesia española y que tiene su expresión culminante en los trabajos y conclusiones de la Asamblea Conjunta (septiembre 1971) y en el documento episcopal colectivo “Iglesia y comunidad política” (febrero 1973). En medio de estas dos fases podríamos hablar de un tiempo de división y tensión, entre 1966 y 1970, de conflicto de la Conferencia Episcopal con la Acción Católica, y de relevo de una Conferencia episcopal por otra.

Se trata ciertamente de un proceso histórico bastante conocido y reconocido, sobre todo hace unos años (aunque quizá hoy algo olvidado en el nuevo ambiente de confrontación Iglesia-Estado aconfesional y sociedad laica,). Pero un proceso estudiado y sobre todo reivindicado desde la militancia implicada, necesitada legítimamente de reconocimiento del papel relevante, positivo, jugado por la Iglesia en la transición a la democracia, y sobre todo en la pretransición, preparando el camino. No hace falta recordar que la expresión y el concepto “nacionalcatolicismo”, tan difundido y utilizado hasta nuestros días, fue acuñado por los propios intelectuales y teólogos católicos (Aranguren, González Ruiz, Álvarez Bolado) en el contexto de una revisión autocrítica del papel legitimador jugado por la Iglesia desde los orígenes del Régimen de Franco. El contraste en este sentido de la Iglesia con la otra institución fuerte del franquismo, el ejército, es muy notable. Cuando murió Franco, la Iglesia en buena medida había hecho la transición, es decir, había operado el “despegue”, facilitando así un proceso de transición pacífica, a favor de una corriente marcada sobre todo por la “reconciliación”.

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