Presentación
El movimiento vecinal y la historia social de la transición
A pesar de que la historia del movimiento obrero ha seguido constituyendo una fuente inacabable en el campo de las afinidades electivas de los jóvenes investigadores, produciendo recientemente trabajos admirables en cuanto a sus tramados interpretativos y desarrollos[i], comparativamente con la producción en este campo a finales de los años noventa y principios del cambio de milenio parece haberse agotado un ciclo para el mismo. Contrariamente, el movimiento estudiantil ha presentado una espectacular revitalización durante estos últimos años con la presentación de monografías e importantes tesis doctorales que deben producir un salto interpretativo en un movimiento que quedó prácticamente olvidado durante la década de los ochenta y los noventa del siglo pasado. Un camino similar parece tomar el caso del movimiento vecinal que, a pesar de contar con importantes trabajos ya en su momento de eclosión en los años setenta[iv], e investigaciones de activistas cercanos al mismo movimiento posteriormente, con algunas importantes aportaciones desde el campo académico[v], parece tomar en los últimos años una fuerza inusitada en el desarrollo de tesis doctorales y nuevas investigaciones.
Decir, en este caso, que sencillamente se está produciendo un desplazamiento de temáticas más o menos agotadas en el campo de estudios de los movimientos sociales, hacia tierras más vírgenes, sería un camino demasiado fácil. Lo cierto es que el estudio del movimiento vecinal durante el tardofranquismo y la transición nos sitúa en varios márgenes de la historia social de este período que difícilmente podían ser explorados desde la perspectiva de los movimientos sociales que han recibido una mayor atención en las agendas investigadoras hasta ahora. Márgenes que afectan, como mínimo, a tres campos de análisis: el de la relevancia, profundidad y extensión del antifranquismo; el de la creación, extensión y readecuación de un nuevo tejido social en el paso del tardofranquismo a la democracia; y en el la transmutación de las realidades sociales entre la segunda mitad de los años setenta y la década de los ochenta.
En el primer sentido, el de intentar construir los materiales que nos permitan comprender el antifranquismo en su globalidad, ciertamente el estudio del movimiento obrero y el estudiantil ha permitido dar el paso de un antifranquismo explicado en términos de historia política a una aprehensión de su dimensión social. Dimensión que nos da las claves para entender su capacidad de enraizamiento y desafío en los principales centros urbanos durante el final de la dictadura franquista. Pero si está dimensión es especialmente fuerte en estos dos movimientos, lo cierto es que los dos están marcados por los limites de su misma base social, los obreros y los estudiantes. Límites que en el caso del movimiento vecinal, mucho más heterogéneo y verdadero crisol de activistas de diferentes procedencias sociales y políticas, se muestran mucho más difusos. El mismo nos puede dar cuenta en este sentido de la extensión de un antifranquismo social heterogéneo y popular capaz de protagonizar un verdadero desafío urbano a la dictadura e impulsar la construcción de la nueva ciudad democrática. Fue precisamente en este camino que su desarrollo fue central en la estrategia del antifranquismo político, al poderse dar el salto en su seno de una extensión de la conflictividad obrera a la conflictividad social generalizada, para reforzar, finalmente, la oposición política a la dictadura. Y, ciertamente, en los finales de la dictadura y los principios de la nueva democracia el movimiento vecinal, como se explica en el segundo artículo presentado aquí, consiguió cortocircuitar la hegemonía franquista en alguno de los centros urbanos del país. Pero a su vez el desarrollo de las investigaciones sobre el movimiento vecinal nos ha de permitir avanzar más allá de una historia social del antifranquismo hacia una historia social global del período que se ha convenido en llamar transición.
Si se ha tendido a ver en el movimiento vecinal el movimiento menor del antifranquismo, en relación al movimiento estudiantil y al movimiento obrero, eso obedece, entre otras razones, a su misma morfología externa. Frente al movimiento estudiantil, en este caso sobre todo durante la década de los sesenta, y al obrero, el vecinal es un movimiento extremadamente fragmentado en múltiples realidades urbanas, y dentro de ellas en diferentes barrios, tanto en su capacidad y formas de actuación como en sus realidades organizativas. Es esta misma realidad lo que explica su debilidad, pero también su fuerza en su capacidad de extensión y penetración en diversos ámbitos sociales donde otros movimientos no llegaron, y sobre todo lo que lo convierte en un observatorio privilegiado de las tensiones sociales y políticas del tardofranquismo, la transición y los primeros años de la democracia. Dadas sus formas organizativas más débiles y flexibles, en relación a por ejemplo la capacidad de institucionalización del movimiento obrero, deviene en un movimiento extremadamente sensible al cambio político y social. En él, la crisis que sufrió parte del tejido social en el momento de bifurcación al final de la transición entre una nueva sociedad política, que bajo el franquismo al carecer de marcos institucionales actuaba en parte en el seno de la sociedad civil, y una también nueva realidad social, se puede analizar ya en sus momentos iniciales. También en él y en su desarrollo, cosa que se hará más meridianamente clara cuando las investigaciones se adentren en los años ochenta[vi], también se pueden encontrar los reflejos de una sociedad urbana que sufrirá una profunda transformación durante este período. Y es en este último sentido donde podemos encontrar también una de las razones del crecimiento de las investigaciones en este campo. Si actualmente en el campo de los activistas de los movimientos sociales, fuera de la academia, se puede observar un florecimiento de proyectos de recuperación de la experiencia histórica del cooperativismo en los barrios, es porque en ellas parecen encontrarse referentes validos para nuevas experiencias en un presente de transmutaciones sociales de primer orden como el que estamos viviendo. En el mismo sentido, una parte de las agendas de la historia social buscan en el estudio de los movimientos urbanos, y entre ellos el movimiento vecinal, con estructuras de organización flexibles y adaptadas a situaciones cambiantes, experiencias históricas que puedan ser relevantes para nuevos presentes. Los artículos que siguen a estas palabras, intentan en este sentido ser tan sólo una muestra de investigaciones más amplias en relación al movimiento vecinal bajo el franquismo y la transición. En ellos se afrontan tanto algunas de las claves sobre los orígenes del movimiento vecinal como el debate sobre su carácter interclasista, o su desarrollo en los años finales del franquismo y la crisis que devino en el mismo con la llegada de la democracia. Son en si mismo materiales que esperamos que puedan resultar útiles en el desarrollo de las agendas investigadoras de una historia social cada vez más necesaria. Entre ellos vale la pena destacar: CARNICERO HERREROS, Carlos, La ciudad donde nunca pasa nada. Vitoria, 3 de marzo de 1976, Vitoria, Servicio de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2007; MARTÍN GARCÍA, Óscar J., A tientas con la democracia. Movilización y cambio político en la provincia de Albacete, 1966 – 1977, ; SÁNCHEZ MOSQUERA, Marcial, Del miedo genético a la protesta, Sevilla, Fundación EE.SS. – Archivo Histórico CCOO, 2008.
La relación de los trabajos en este caso convertiría esta cita en un catalogo, no siendo además la pretensión de este texto introductorio la de realizar ningún estado de la cuestión, sólo mencionamos algunas referencias: FOWERAKER, Joe, La democracia española, Madrid, Arias Montano Editores, 1990; BALFOUR, Sebastián, La dictadura, los trabajadores y la ciudad. El movimiento obrero en el área metropolitana de Barcelona (1939-1988), València, Alfons el Magnànim, 1994; VEGA GARCÍA, Rubén, CCOO de Asturias en la transición y la democracia, Oviedo, Unión Regional de CCOO de Asturias, 1995; ; BABIANO, José, Emigrantes, cronómetros y huelgas, Madrid, Siglo XXI, 1995; MOLINERO, Carme & YSÀS, Pere, Productores disciplinados y minorías subversivas. Clase obrera y conflictividad laboral en la España franquista, Madrid, Siglo XXI, 1998; PÉREZ PÉREZ, JOSÉ ANTONIO, Los años del acero. La transformación del mundo laboral en el área industrial del Gran Bilbao (1958-1977). Trabajadores, convenios y conflictos, Madrid, Biblioteca Nueva, 2001.
Entre otros: ÁLVAREZ COBELAS, José, Envenenados de cuerpo y alma. La oposición universitaria en Madrid (1939 – 1970), Madrid, Siglo XXI, 2004; HERNÁNDEZ SANDOICA, Elena, ÁNGEL RUIZ CARNICER, Miguel; BALDÓ LACOMBA, Marc, Estudiantes contra Franco, Madrid, La Esfera de los Libros, 2007; RODRÍGUEZ TEJADA, Sergio, Zonas de libertad. Dictadura franquista y movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia, 2 vol., Valencia, Universitat de València, 2009.Entre los estudios clásicos: CASTELLS, Manuel, Movimientos sociales urbanos, Madrid, siglo XXI, 1977; BORJA, Jordi, Movimientos sociales urbanos, Buenos Aires, Ediciones SIAO, 1975.
Entre otras: ALABART, Anna, Els barris de Barcelona i el moviment associatiu, tesis doctoral inédita, Universidad de Barcelona, 1982; MARTÍNEZ, Ricard, El moviment veïnal a l’àrea metropolitana de Barcelona durant el tardofranquisme i la transició: el cas de Sabadell (1966 – 1977), tesina de doctorado, Universidad Pompeu Fabra, 1999; GAIL BIER, Alicie, Crecimiento urbano y participación vecinal, Madrid, CIS, 1980; URRUTIA, Víctor, El movimiento vecinal en el área metropolitana de Bilbao, Oñati, Instituto Vasco de Adminsitración Pública, 1985.
Para un análisis concreto que va más allá de a transición para adentrarse en los años ochenta: CUESTA, José Miguel, El moviment veïnal a Llefià (Badalona), Tesina de Doctorado, Universidad Autónoma de Barcelona, 2010.
Xavier Domènech Sampere
Universitat Autóma de Barcelona, UAB, CEFID





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