Historia del Presente, 24. Santiago Carrillo

Santiago Carrillo

Revelar su historicidad. Santiago Carrillo, como ha señalado Ricard Vinyes, para la generación de los años 30, protagonizó la «parte densa» del siglo XX. Otros contemporáneos se quedaron en mitos de la Guerra Civil, en referentes del exilio o en iconos de la lucha antifranquista. Carrillo transitó en activo todas estas etapas del corto siglo XX español. Por ello, su huella es más profunda, y su valoración, controvertida.

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índice

EXPEDIENTE
Fernando Hernández (Ed.): La(s) vida(s) de Santiago Carrillo. Introducción
Sandra Souto: Santiago Carrillo, dirigente juvenil 7
Fernando Hernández: Mano de hierro en guante de hierro:
Santiago Carrillo y la reconstrucción del PCE bajo el primer franquismo
Francisco Erice: Santiago Carrillo y el partido del antifranquismo (1955-1975)
Juan Andrade: Santiago Carrillo en la Transición.
Historia y mito del secretario general del PCE
Sergio Gálvez: La «construcción» de Santiago Carrillo (1983-2012)
EGOHISTORIA
Abdón Mateos. La Ciencia Política Histórica. Entrevista a Hans Puhle
EL PASADO DEL PRESENTE
César Rina Simón: Tendencias de la historiografía española sobre los iberismos, 1975-2013
MISCELÁNEA
Alejandro Santos Silva: El papel del Partido del Trabajo de España en la lucha por la autonomía de Andalucía
Josefina Martínez: La exportación del cine español:
una apuesta económica del Estado (1941-1985) 127
Marcial Sánchez Mosquera: La concertación social en Europa occidental
ante tres crisis económicas, 1973-2010 143
Carlos Sola Ayape: México y el principio de universalidad. En torno al ingreso de España en la ONU en 1955
Domingo Rodríguez Teijeiro: Carceleros y presos: la (re)construcción de los cuadros del personal de prisiones en la España de Franco (1936-1945)

Autores

Sandra Souto Kustrín
Doctora en Historia por la Universidad Complutense de Madrid (2000) y científica titular en el Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Sus investigaciones se han centrado en la Segunda República Española, el movimiento obrero y la protesta política y la juventud y los movimientos juveniles en Europa y en España en la primera mitad del siglo XX. Es autora de «Y ¿Madrid? ¿Qué hace Madrid?». Movimiento revolucionario y acción colectiva (1933-1936), Madrid, Siglo XXI, 2004, y Paso a la juventud. Movilización democrática, estalinismo y revolución en la República Española, Valencia, Publicacions Universitat de València (PUV), 2013, y de numerosas contribuciones en editoriales y revistas del prestigio de Palgrave-Macmillan, Fondo de Cultura Económica, The European History Quarterly, Memoria e Ricerca o Ayer.

Fernando Hernández Sánchez
Profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la UNED, miembro de la Asociación de Historiadores del Presente y colaborador del Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española. Preside la Asociación Entresiglos 20-21: Historia, Memoria y Didáctica, dedicada a la investigación sobre la enseñanza escolar de la historia reciente. Autor de Comunistas sin partido: Jesús Hernández, ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio (Raíces, 2007) y de Guerra o revolución: El PCE en la Guerra Civil (Crítica, 2010). Coautor, con Ángel Viñas, de El desplome de la República (Crítica, 2009). Ha participado en las obras colectivas En el combate por la Historia (Pasado & Presente, 2012) y Los mitos del 18 de julio (Crítica, 2013).

Francisco Erice Sebares
Profesor Titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Oviedo y miembro del Grupo de Historia Sociocultural Contemporánea de dicha universidad. Actualmente es, asimismo, coordinador de la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).
Entre sus publicaciones recientes, cabe destacar las dedicadas a la historia del comunismo (es autor de «Los condicionamientos del ‘giro táctico’ de 1956: El contexto de la política de reconciliación nacional», en Papeles de la FIM. Revista de Investigación Marxista, Madrid, 2.ª época, n.º 24, 2006; y coautor de «Nosotros los comunistas». Memoria, identidad e historia social, Madrid, 2009); a los movimientos y conflictos sociales (es asimismo coautor de De un Octubre a otro. Revolución y fascismo en el período de entreguerras, 1917-1934, Barcelona, 2010; o El movimiento obrero en Asturias durante el franquismo, 1937-1977, Oviedo, 2013); a la memoria colectiva (es autor del libro Guerras de la memoria y fantasmas del pasado. Usos y abusos de la memoria colectiva, Oviedo, 2009; y colaborador del volumen Generaciones y memoria de la represión franquista. Un balance de los movimientos por la memoria, Valencia, 2010); y a la historiografía (con trabajos como «Hobsbawm, testigo apasionado de La era de los extremos», en revista Rúbrica Contemporánea. Barcelona, n.º 4, 2013; o «Thompson y Hobsbawm frente a los dilemas del marxismo historiográfico: concepción de la historia, estrategia teórica y propuesta política», en Revista Sociología Histórica, Murcia, n.º 3, 2013).

Juan Andrade Blanco
(Barcelona, 1980). Licenciado en Historia por la Universidad de Extremadura (Premio Fin de Carrera) y Doctor en Historia Contemporánea también por la Universidad de Extremadura (Premio Extraordinario de doctorado). Durante los años de elaboración de su tesis doctoral trabajó como investigador FPI y profesor interino en dicha universidad.
Posteriormente trabajó durante un año como profesor de Geografía e Historia en Pilsen, República Checa, dentro del programa Secciones Bilingües en Países del Este del Ministerio de Educación de España. Después fue becario postdoctoral en el Centro Cañada Blanch de la London School Of Economics. También ha realizado visitas docentes y estancias de investigación en las universidades de Nantes, Nápoles o Princeton. Actualmente es profesor en la Facultad de Formación del Profesorado de la Universidad de Extremadura.
Igualmente, Juan Andrade es miembro del Seminario de Historia del Tiempo Presente de la UEx y Vicepresidente del Grupo de Estudios sobre la Historia Contemporánea de Extremadura (GEHCEx). A lo largo de su trayectoria investigadora, ha desarrollado diversos temas: la teoría de la historia, los medios de comunicación en las sociedades contemporáneas y los movimientos sociales en el tardofranquismo extremeño, pero, especialmente, ha centrado sus investigaciones en la transición política española y las tendencias ideológicas de las organizaciones de la izquierda en este período, fruto de lo cual ha sido la publicación de su libro con prólogo de Josep Fontana: El PCE y el PSOE en (la) Transición, Madrid, Siglo XXI, 2012.

Sergio Gálvez Biesca
Es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis que llevó por título «Modernización socialista y reforma laboral (1982-1992)». Diplomado en relaciones laborales también por la Universidad Complutense y con varios posgrados, entre ellos uno en Juventud y Sociedad por la UNED, ha sido profesor en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Actualmente es el Coordinador de Programas de la Cátedra Complutense «Memoria Histórica del Siglo XX». Especialista en la historia del movimiento obrero español del último tercio del siglo XX, es autor de más de medio centenar de publicaciones sobre la historia contemporánea de España. Su última obra es Historia de una Huelga General: el 14 de diciembre de 1988 (Madrid, Akal/Siglo XXI, 2014).

César Rina Simón
Beneficiario del programa de becas FPU en la Universidad de Navarra e investigador de la Calouste Gulbenkian Foundation en la Universidad de Lisboa. Sus líneas de investigación abordan los imaginarios públicos de legitimación política y la construcción de los fenómenos identitarios en la contemporaneidad. Es autor de La construcción de la memoria franquista en Cáceres. Héroes, espacio y tiempo para un nuevo estado, 1936-1942 (Cáceres, 2012), y de varios artículos, entre los que cabe destacar: «Discursos de alteridad en la Historias Generales de España. La invasión musulmana y la conquista de Granada. 1840-1890», Revista de Historiografía, n. 20, 2014, pp. 124-132 y «Análisis cultural e historiográfico de la romería del Rocío en el documental de Fernando Ruiz Vergara», Historia Actual Online, 32, 2013, pp. 175-186.

Domingo Rodríguez Teijeiro
Doctor en Geografía e Historia por la Universidad de Vigo (Premio Extraordinario de Doctorado). Profesor Titular del Área de Historia Contemporánea en la Universidad de Vigo. Imparte docencia en las materias «Historia del Presente» y «Sociología e Historia de la Actividad Física y del Deporte» en los grados de Educación Primaria y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte; «Historia, Memoria y Patrimonio Cultural» en el Máster «Historia, Territorio e Recursos Patrimoniais», de la Facultad de Historia (Univ. Vigo). Profesor Tutor en el Centro Asociado de la UNED de Ourense desde el curso 2005-2006.
Ha tomado parte como investigador en diez proyectos y contratos de investigación desarrollados por el Área de Historia Contemporánea de la Universidad de Vigo, centrados en la Historia Contemporánea de Galicia.
Autor de más de sesenta de trabajos de investigación, dedicados de manera especial al estudio de la vertiente penitenciaria de la represión en los años de guerra y durante el primer franquismo (junto a trabajos de historia local y regional o historia del deporte), que han visto la luz en forma de libros, artículos en revistas especializadas, comunicaciones a congresos, etc. Entre estas publicaciones se pueden destacar: Longa noite de Pedra no Mosteiro de San Salvador. Represión e reclusión en Celanova (1936-1943), Perillo (A Coruña), Vía Láctea, 1999; (en coautoría con Julio Prada), La Juridificación del Terror. Legislación represiva y sistema penitenciario en el primer franquismo, Ourense, Obradoiro de Historia de Galicia, 2005; «Los espacios de reclusión en Galicia. Prisiones y campos de Concentración», en Juana, J. de y Prada, J. (dirs.), Lo que han hecho en Galicia. Violencia política, reclusión y exilio (1936-1939), Barcelona, Crítica, 2006; Presos e prisións na Galicia de Guerra e Posguerra, Vigo, Galaxia, 2010; Las Cárceles de Franco, Madrid, La Catarata, 2011.

Josefina Martínez Álvarez
Doctora en Historia por la UNED, Profesora Titular de Universidad en dicha institución.
Ha centrado su investigación en la historia del cine español, publicando diferentes estudios como Los orígenes del cine en Madrid (1991), Películas para usar en el aula (2003), o sobre el cine de los años cincuenta. También ha escrito sobre Fuentes documentales para la Historia del cine (2008) o Las relaciones cinematográficas hispano-argentinas (2009) e hispano-italianas durante el franquismo (2010), la visión cinematográfica del Ejército, del maquis o la guerra de la Independencia.
Ha dirigido cursos en la Sede de la ONU en Ginebra y ha sido profesora invitada en múltiples universidades españolas y extranjeras. Durante 5 años ha sido Directora de Comunicación de la UNED (2000-2005).
Por otra parte, ha desarrollado su carrera profesional en Televisión Española como Asesora cinematográfica en series documentales como Imágenes perdidas, Imágenes prohibidas o Memorias de la Guerra, y como redactora en Antena 3TV y TVE.

Presentación

Cuando Stalin murió en marzo de 1953, el PCF encargó a Picasso un retrato para la portada del número conmemorativo de L´Humanité. El pintor, militante comunista, pretendió inspirarse en la imagen del líder soviético popularizada por el novelista Henri Barbusse: cabeza de sabio, rostro de obrero, uniforme de soldado. Pero el dibujo, ajeno al canon ortodoxo del realismo socialista, disgustó a muchos y Picasso fue objeto de acres críticas que sorteó sentenciando: «Algún día lo que me reprocharán es que haya retratado a Stalin».
Los accidentes de la fisonomía real pocas veces complacen a quienes admiran o detestan a los ídolos. El trabajo del historiador no consiste en maquillar al modelo, sino en situarlo en su contexto. Exponerlo a la crítica de las fuentes. Revelar su historicidad. Santiago Carrillo, como ha señalado Ricard Vinyes, para la generación de los años 30, protagonizó la «parte densa» del siglo XX. Otros contemporáneos se quedaron en mitos de la Guerra Civil, en referentes del exilio o en iconos de la lucha antifranquista. Carrillo transitó en activo todas estas etapas del corto siglo XX español. Por ello, su huella es más profunda, y su valoración, controvertida.
Estudiar las relaciones entre un personaje, un sujeto colectivo y una época plantea el problema del ángulo de enfoque. Optar por el biográfico supone secuenciar los varios Carrillos que hubo en la vida de Santiago Carrillo: el joven aprendiz socialista, el catecúmeno en guerra, el hombre en la sombra del primer exilio, el estalinista de puño de hierro de los años 40 y 50, el impulsor del giro copernicano de los 60, el jugador frustrado de la Transición y el tótem cuasi senatorial de sus últimos tiempos.
Santiago Carrillo nació con la generación deslumbrada por el Octubre soviético: una juventud radicalizada que irrumpió en la modernidad en medio de la depresión económica y el ascenso del fascismo. Aquella generación se vio abocada a ejercitar su músculo en el contexto de una guerra civil, en la que Carrillo –y no exclusivamente– protagonizó episodios de luces y sombras: la construcción del mayor movimiento juvenil de Europa occidental, la Juventud Socialista Unificada (JSU), o los hechos que ejemplifican la brutalidad de la confrontación política en los años 30, la represión de retaguardia. Carrillo no rehusó usufructuar en un principio la fama derivada de ambos logros en beneficio de su ascenso en la jerarquía del partido. El resto de su vida, en sus distintas reelaboraciones autobiográficas, se atuvo a los hechos luminosos y negó de distintas formas su cuota de responsabilidad en los oscuros, probablemente sin convencerse siquiera a sí mismo.
En los años 40 y 50, Carrillo fue un aventajado estalinista. Pocos comunistas de aquella generación fascinada por la imagen de la bandera roja flameando sobre el Reichstag no lo fueron. Eminentes teóricos del policentrismo, como Togliatti, veneraron entonces a Stalin y corearon los procesos de Moscú. Carrillo, más que la vieja guardia –Ibárruri, Uribe, Mije– fue el responsable de la estalinización del PCE. Fue el encargado de ajustar el partido al modelo de statu quo definido en las conferencias interaliadas y de procurar un nivel de incidencia en el interior de España que impidiera que los comunistas fueran preteridos en el diseño de una futura salida a la dictadura. Con la colaboración de su amigo Fernando Claudín, posteriormente absuelto por la Historia, Carrillo aherrojó la organización del partido de manera implacable.
Con un partido galvanizado en torno a un núcleo de cuadros curtidos en la lucha armada y en la clandestinidad, contrapesado por un franco desconocimiento de la realidad española, los análisis acerca del inminente desplome de la dictadura condujeron a la comisión de errores de bulto. En su haber debe contar, sin embargo, la perspicacia para abrir el debate sobre la reconciliación nacional, para captar el potencial de iniciativas autónomas como las que alumbraron las CCOO, o para imprimir dirección a los frentes de masas –estudiantil, cultural y vecinal– que más contribuyeron a erosionar al Régimen. Fue también por entonces, con un anquilosado bloque socialista fragmentado por el cisma chinosoviético y cuestionado por los movimientos sociales emergentes, cuando Carrillo jugó la carta de la independencia de Moscú, aunque nunca dejó de gobernar la organización con un criterio de verticalidad autoritaria.
Carrillo logró articular el principal partido de oposición a la dictadura y, con ello, sostener la esperanza de que el franquismo no fuera más que un trágico y turbio paréntesis en la lucha del pueblo español por la libertad. Pero, llegada la democracia, fue sacrificando pedazos de su identidad y refrenando su ímpetu, creyendo obtener así el peso específico en la gobernabilidad del país que las urnas y el modelo bipartidista le negaron sistemáticamente. Su carisma, valorado entonces por sus adversarios, no impidió que su liderazgo fuera cuestionado por unas bases cuyo desarme ideológico fue metabolizado como un rosario de concesiones sin otra contrapartida aparente que el esculpido del rostro del secretario general en el imaginario monte Rushmore de la Transición española.
El legado para la politología fue un estilo de dirección propio, lo que sus adversarios denominaron carrillismo, mezcla a partes variables de personalismo, burocratismo, desdén teorizante, grandilocuencia táctica y una asombrosa capacidad para atribuirse las ideas de los adversarios purgados. Agotado su tiempo, quien en su momento había acometido una renovación profunda de la dirección del partido para adaptarlo a la nueva realidad española no supo aceptar su propio relevo, dejando tras su forzada salida un paisaje de escombros. Se cerraba así una biografía acotada entre dos octubres, el de 1917 y el de 1989, que jalonaron el ciclo vital del comunismo en el siglo XX.
Fernando Hernández Sánchez

Cuando Stalin murió en marzo de 1953, el PCF encargó a Picasso un retrato para la portada del número conmemorativo de L´Humanité. El pintor, militante comunista, pretendió inspirarse en la imagen del líder soviético popularizada por el novelista Henri Barbusse: cabeza de sabio, rostro de obrero, uniforme de soldado. Pero el dibujo, ajeno al canon ortodoxo del realismo socialista, disgustó a muchos y Picasso fue objeto de acres críticas que sorteó sentenciando: «Algún día lo que me reprocharán es que haya retratado a Stalin».
Los accidentes de la fisonomía real pocas veces complacen a quienes admiran o detestan a los ídolos. El trabajo del historiador no consiste en maquillar al modelo, sino en situarlo en su contexto. Exponerlo a la crítica de las fuentes. Revelar su historicidad. Santiago Carrillo, como ha señalado Ricard Vinyes, para la generación de los años 30, protagonizó la «parte densa» del siglo XX. Otros contemporáneos se quedaron en mitos de la Guerra Civil, en referentes del exilio o en iconos de la lucha antifranquista. Carrillo transitó en activo todas estas etapas del corto siglo XX español. Por ello, su huella es más profunda, y su valoración, controvertida.
Estudiar las relaciones entre un personaje, un sujeto colectivo y una época plantea el problema del ángulo de enfoque. Optar por el biográfico supone secuenciar los varios Carrillos que hubo en la vida de Santiago Carrillo: el joven aprendiz socialista, el catecúmeno en guerra, el hombre en la sombra del primer exilio, el estalinista de puño de hierro de los años 40 y 50, el impulsor del giro copernicano de los 60, el jugador frustrado de la Transición y el tótem cuasi senatorial de sus últimos tiempos.
Santiago Carrillo nació con la generación deslumbrada por el Octubre soviético: una juventud radicalizada que irrumpió en la modernidad en medio de la depresión económica y el ascenso del fascismo. Aquella generación se vio abocada a ejercitar su músculo en el contexto de una guerra civil, en la que Carrillo –y no exclusivamente– protagonizó episodios de luces y sombras: la construcción del mayor movimiento juvenil de Europa occidental, la Juventud Socialista Unificada (JSU), o los hechos que ejemplifican la brutalidad de la confrontación política en los años 30, la represión de retaguardia. Carrillo no rehusó usufructuar en un principio la fama derivada de ambos logros en beneficio de su ascenso en la jerarquía del partido. El resto de su vida, en sus distintas reelaboraciones autobiográficas, se atuvo a los hechos luminosos y negó de distintas formas su cuota de responsabilidad en los oscuros, probablemente sin convencerse siquiera a sí mismo.

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